En el mes de agosto recibimos mi esposa, Miriam Colón y yo una atenta invitación de la asociación de compatriotas «Manos Unidas por Guatemala», inmigrados en el Paraíso de Maravilla, en la antigí¼edad, la Gran Nicoya, y desde la sangrienta invasión hispánica, denominada Costa Rica, a participar en los primeros días de septiembre al Ciclo de Cine Guatemalteco «Hermana Mirada» que se desarrollaría en la estatal Universidad de Costa Rica.
Agradecidos, aceptamos la invitación y estuvimos en San José de Costa Rica durante los días del 2 al 5 del presente mes, habiendo también visitado Granada, San Ramón.
En el Ciclo de Cine Guatemalteco fueron expuestos los filmes, Testamento, del cineasta alemán Uli Steltzer, sobre vida de Alfonso Bauer Paiz y acontecimientos históricos durante el siglo pasado y primer quinquenio del siglo XXI. Y «La Isla» , película que expone las características represivas y persecutorias del Archivo de la Policía Nacional Civil, contra ciudadanas y ciudadanos con responsabilidad cívico-política democrática, activos en la defensa de las libertades y derechos, garantizados en la Constitución Política de la República y en la Declaración Universal de Derechos Humanos, así como en la Convención Americana sobre Derechos Humanos.
El día 2/9, se desarrolló un conversatorio sobre el militarismo en América Latina, organizado por la entidad Cokomal (Consumo y Comunicación Alternativa), representada por Adrián Carranza, estudiante universitario, y participaron la jurista Thelma Carrera, guatemalteca, el politólogo Héctor Solano y Alfonso Bauer Paiz
Al día siguiente, organizado también por Cokomal, estuvimos en la ciudad de San Ramón, en donde la población, en su gran mayoría sustenta ideología socialista y rechaza indignada la presencia militar yanqui y es, de corazón, solidaria con el pueblo de Guatemala Y, más tarde, en San José, a presenciar y comentar la proyección de la cinta cinematográfica, La Isla, la cual fue comentada con profundo conocimiento de su ilegítima función apócrifa al servicio de gobiernos antidemocráticos y contumaces violadores de los derechos humanos, por la Dra. Carolina Escobar Sarti y Dr. Rafael Cuevas, este último académico guatemalteco, docente de la Universidad de Costa Rica
De mi parte en las varias reuniones a las que asistí y se me solicitó expusiera mi opinión sobre la crisis político-social que sufre el pueblo de Guatemala y la convivencia de nuestras naciones centroamericanas, en resumen manifesté:
* En Guatemala se padece una crisis política, social, una economía desigual, en la que sólo un pequeño sector de oligarcas latifundistas y empresarios industriales y de servicios poseen riqueza descomunal y carece de responsabilidad social. Y la gran mayoría de habitantes no tiene posibilidades de salir de la pobreza y extrema pobreza
* El Estado, es decir los tres Organismos, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, están de espaldas para atender las necesidades públicas, pero sí con no disimulada voluntad política para favorecer los intereses oligárquicos nacionales y de las empresas transnacionales que explotan nuestros recursos naturales no renovables (petróleo y minerales y metales) en condiciones lesivas al país y de destrucción del medio ambiente. Actúan de acuerdo con las élites del poder económico nacional y del imperialismo, así como del militarismo represivo y sujeto a los dictados de la política colonizadora de los EE.UU.
* Pérdida de la soberanía nacional, como consecuencia del sometimiento antipatriótico a las exigencias de la política imperialista de los Estados Unidos de América.
*. Mantenimiento del sector público y también del sector privado de la discriminación racial y explotación de esos sectores a los guatemaltecos indígenas.
Y, en lo que respecta a las interrelaciones centroamericanas, estuve insistiendo en el desinterés de fraterna convivencia y señalando que, salvo el gobierno sandinista de Nicaragua, los demás gobiernos se han sometido a los dictados imperiales y, día tras día, los pueblos están en peores condiciones económicas y sociales, por la política neo liberal que les ha sido impuesta, en la misma medida en que asciende el nivel de su militarización.
Y ante esa humillante situación, invocando pasajes gloriosos de nuestra historia istmeña, exhorté volviéramos en Centroamérica a los años cincuenta del siglo XIX, cuando el gran patriota Juan Mora Fernández, Presidente de Costa Rica,, ante el apoderamiento de la presidencia de Nicaragua por el filibustero William Walker, demandó a los gobiernos de las repúblicas centroamericanas, unirse para la defensa de la tierra de Los Lagos y todos acudieron a constituir la unidad militar contra el bárbaro agresor, incluso Rafael Carrera, quien no obstante su conservadurismo, pidió a los guerrilleros liberales, hermanos Cruz, dada su experiencia y capacidad guerrera, fuesen a combatir a Nicaragua y, éstos solidarios, inmediatamente se movilizaron. Así, todos unidos, lograron aquellos centroamericanos derrotar al invasor en 1857 y, años después volvió a las andadas, pero fue capturado y fusilado.
Y terminaba diciendo: si ahora los centroamericanos actuáramos como lo hicieron nuestros mayores ha siglo y medio, muy distinta sería nuestra vida soberana e independiente e, indudablemente, promisorio nuestro futuro común. (continuará).