Pero a todo el lavado


Cualquier intención por evitar el lavado de dinero debe ser apoyado para intentar que nuestro paí­s se aleje de esa imagen de ser uno de los paraí­sos en los que se puede hacer lo que venga en gana con fondos que provienen de actividades ilí­citas y que fácilmente son ingresadas en el sistema financiero.


Hay un punto que es fundamental recordar en estos momentos en que tanto se está hablando del tema. Lavado de Dinero es una acción que «limpia» dinero proveniente de fuentes ilegales para que sea aceptado como fondos legí­timos o lí­citos dentro de cualquiera de las operaciones y transacciones económicas y financieras.

Pero esta acción no es limitada al narcotráfico. Por supuesto, por las cantidades de dinero que maneja esta actividad criminal, el blanqueo llama la atención hacia esa práctica, pero no se puede desviar la mirada ante el mismo procedimiento utilizado por la corrupción con fondos del Estado, la Evasión Fiscal y el producto de cualquier otra actividad que como el secuestro o la extorsión, terminan haciendo uso del mismo sistema.

El lavado de dinero tiene que ser enfocado como uno de los orí­genes de combate a las agrupaciones criminales, mientras que hoy pareciera que la estrategia es desde uno de los grupos hacia el lavado, dejando fuera a las otras actividades ilegales que hacen uso del mismo procedimiento.

Guatemala se ha caracterizado por ser una sociedad en la que se le rinde reconocimiento y aceptación social a quien posee recursos sin que se genere la más mí­nima condena social y, no digamos, judicial para quienes de una u otra manera han amasado fortunas como producto de actividades de crimen organizado como la corrupción, el narcotráfico, contrabando o cualquiera otra de las manifestaciones delictivas.

Será momento, entonces, de empezar a cerrar un cí­rculo que permita el verdadero control del manejo de fondos para su «blanqueo» y en el que se debe incluir la revisión de conveniencia al paí­s de acciones al portador, secretividad de estados patrimoniales de los funcionarios y carencia de leyes como el enriquecimiento ilí­cito y tráfico de influencias.

Apoyamos los esfuerzos para combatir el lavado de dinero. Resaltamos su importancia como uno de los pilares de cualquier Estado que quiera demostrar que la ley es el imperio dominante de la estructura social. Pero es tanta la importancia que le damos, que pedimos que con la misma energí­a se hagan los esfuerzos para llegar a cerrar las puertas a todas las actividades que hacen uso del lavado y que, hoy por hoy, encuentran un paraí­so en Guatemala.