Siempre he pensado que las fiestas de independencia nos obligan a repensar en nuestro país, especialmente reconociendo que nuestro origen como Estado tiene mucho de espurio porque no se puede negar que los llamados próceres estuvieron más motivados por librarse del pago de impuestos a la Corona que por ofrecerle a los habitantes del país una auténtica noción de soberanía. La prisa por entregarse luego a México puede ser apenas una de las tantas muestras de cómo actuaron y con qué motivaciones los que se ofrecieron para lograr la independencia antes de que el pueblo la trabajara como en otros países de América.
ocmarroq@lahora.com.gt
Hoy, como pocas veces, el panorama del país se presenta con nubarrones, porque es obvio que tenemos una institucionalidad que, por lo menos, nos coloca en condición de lo que Estados Unidos califica como Estados frágiles en los que crece el poder de los grupos paralelos, del crimen organizado y, ahora, del narcotráfico que ha sentado reales en Guatemala. Además, un invierno despiadado puso en evidencia el impacto que la corrupción ha tenido a lo largo de años en los que los funcionarios públicos lejos de servir al país se han enriquecido mediante la asignación de negocios turbios que se traducen en obra mal realizada y que literalmente hace que el país se esté desmoronando.
En el campo de la impunidad tuvimos que pedir ayuda a la comunidad internacional y ni siquiera con ese apoyo invaluable hemos logrado realmente involucrar a la población en un compromiso que nos haga, a todos, librar una cruzada para luchar por el establecimiento del verdadero estado de derecho. Ya se ha hablado de la necesidad de que nos vengan a ayudar con una instancia como la CICIG para combatir el contrabando, y lo mismo debiéramos decir en relación a todo lo que tiene que ver con la corrupción, porque cualquier esfuerzo propio tendría que pasar por reformas profundas que tendrían que ser aprobadas por el Congreso.
¿Puede alguien sensatamente confiar en que los diputados, la mayoría de ellos, algún día van a tomar decisiones que implican terminar con la oportunidad de hacer negocios y seguir enriqueciendo a una clase política corrupta? Yo lo veo como una aspiración imposible no sólo en este período, sino que la veo igualmente irrealizable en el futuro porque no veo que existan partidos políticos dispuestos a cambiar la mecánica para postular a sus candidatos para integrar el Congreso.
No es que uno sea pesimista, sino que viendo con realismo nuestra situación y las necesidades de implementar cambios en verdad profundos, no se ve por dónde puedan llegar. Todos han criticado los fideicomisos que se empezaron a utilizar como instrumento de corrupción y, al final, todos los terminan usando porque son «útiles» y de esa cuenta nos enredamos cada vez más en sofisticación de los métodos de corrupción sin posibilidad de atajar los vicios.
Ninguno de los partidos políticos en candelero está planteando la crisis institucional profunda y la necesidad de hacer un giro completo en el curso de la Nación porque, al fin y al cabo, tenemos que reconocer que todos quieren seguir sacando ventajas de las oportunidades que ofrece un sistema corrupto que, además, goza de las facilidades que ofrecemos ciudadanos que nos conformamos con ver cómo saquean al país y destruyen su riqueza para que cada cuatro años se forme una nueva clase de ricos surgidos de los negocios públicos.
Admito mi pesimismo y hasta mi frustración al ver que la mía es una generación que está dejando un país peor del que recibimos de nuestros padres. Y en esta víspera de la fiesta patria, no puedo callar sino debo decir con claridad lo que pienso.