Jugadores estadounidenses celebran tí­tulo «que sirve para crecer»


El equipo de básquetbol de Estados Unidos celebró un nuevo tí­tulo mundial, luego de tener una sequí­a de 16 años. Lo consiguió con un equipo sin las principales estrellas de la NBA. FOTO LA HORA: AFP BEHROUZ MEHRI

Los jugadores de Estados Unidos celebraron este domingo, tras la victoria sobre Turquí­a (81-64) en la final del Mundial de básquetbol, un tí­tulo «que sirve parar crecer», especialmente en un plantel lleno de jugadores jóvenes y con poca experiencia.


Kevin Durant, máximo anotador de la NBA, lideró a Estados Unidos al tí­tulo mundial. FOTO LA HORA: AFP ARIS MESSINIS

«Era un gran desafí­o para nosotros. Tenemos un equipo muy joven, inexperto. Pero nos hemos esforzado para poder llegar hasta la final y ser campeones», dijo Billups, uno de los hombres más destacados del equipo a lo largo del torneo.

Billups quiso rendir especial homenaje al papel de Kevin Durant, que a sus 21 años -casi 22- ha sido el lí­der y ha sido elegido jugador más valioso (MVP) de la competición. «Kevin estuvo enorme. En este torneo ha crecido aún más, como todos nosotros», afirmó.

Durant fue precisamente el jugador más asediado por la prensa, después de su espectacular torneo y de su MVP, y afirmó que esta victoria tiene un sabor especial porque antes de la competición hubo comentarios poco positivos sobre la capacidad del grupo para llevarse el torneo, después de la ola de bajas.

«Hemos jugado quizás un poco más motivados porque escuchamos al principio muchos comentarios y habí­a gente que no creí­a en nosotros. Se han equivocado», dijo el jugador de los Oklahoma City.

«Esto es un triunfo de todo el equipo, sin mis compañeros no serí­a nada y han sido ellos los que me han permitido ser mejor cada dí­a y me han empujado en cada partido, así­ que tengo que compartir los premios con ellos. Ha sido un honor jugar para Mike (Krzyzewski, DT de Estados Unidos)», apuntó.

Su compañero André Iguodala quiso dedicar la victoria a los aficionados estadounidenses y a toda la gente que ha apoyado a la selección para poder levantar el trofeo de campeón en Estambul.

«Es algo grande, un sentimiento genial. Dedico esta victoria a toda la gente que allí­, en Estados Unidos, lo han hecho posible. Hemos realizado un gran partido esta noche», dijo el alero de los Philadelphia 76ers.

Por su parte, Derrick Rose, base de los Bulls de Chicago, destacó la juventud del equipo y recordó que otros grandes nombres del básquet de su paí­s nunca pudieron levantar el trofeo de campeón.

«Soy campeón del mundo, cuando tantí­simos grandes jugadores no lo fueron nunca. Y sólo tengo 21 años», afirmó exultante.

Estados Unidos llegaba a Turquí­a-2010 tras dieciséis años sin ganar el Mundial y como una gran incógnita, después de que figuras como Kobe Bryant, LeBron James, Carmelo Anthony o Dwyane Wade decidieran renunciar a disputar el torneo.

SEMBLANZA Kevin Durant, una mina de oro


Kevin Durant selló su certificado de garantí­a como nuevo icono del baloncesto universal y rescató el oro del Mundial para Estados Unidos 16 años después en el ambiente más adverso posible. Turquí­a era la última prueba de fuego y la estrella naciente de la NBA, el espigado y filiforme chaval nacido hace 21 años en Washington, volvió a demostrar su majestuoso estilo y su demoledora muñeca.

Como si flotara sobre la cancha, con un punto de serenidad conmovedor, una mano casi infalible, unos movimientos y una inteligencia que le permiten ser efectivo en cualquier punto del parquet y enfrentarse por igual a grandes que a pequeños, el genial jugador de los Thunder de Oklahoma se adueñó de la final. Es una mina de oro, un pozo de puntos sin fondo, un tipo que en silencio, solo a base de hechos, imprime carácter y abandera a su equipo.

Turquí­a le dio todas las vueltas que pudo a la rosca pero siempre acabó estrellándose contra Durant. El mérito del seleccionador estadounidense, Mike Krzyzewski, fue armar un grupo digno de servir a semejante águila. Lo consiguió enviando a una estrella como Rondo para casa antes de empezar y haciendo desaparecer el ego de todos y cada uno de sus jugadores. Puso a trabajar como obreros rasos a Odom e Iguodala bajo los aros y apagó las í­nfulas de algún afamado chupón como Rudy Gay, que se dio con un canto en los dientes con los minutos de que dispuso y el ingrato papel de ala-pí­vot.

La duda es si, privado de Durant, el equipo americano hubiera acabado naufragando contra la zona defensiva turca o hubiera podido desquiciarse por la presión del público y la habilidad de Tí¼rkoglu y compañí­a para rentabilizarla enredando a los rivales y a los árbitros. Durántula evitó que se despejara la incógnita y Krzyzewski también al no darle resuello, una lección para muchos entrenadores que en honor de esquemas tácticos y preconcebidos empequeñecen el papel de las figuras de sus equipos reduciendo sus minutos de juego.

El manantial de puntos del número 5 americano se hizo imprescindible para un equipo que, pese a su magní­fica defensa y al talento de sus componentes, se encontró incómodo frente a la defensa en zona de los turcos. Durant concluyó con 28 puntos y suyos fueron siete de los ocho triples de los estadounidenses cuando la situación era más comprometida para ellos. El resto del equipo hasta entonces habí­a sumado uno en 15 intentos.

El partido siempre tuvo color americano. Apenas duró seis minutos la carga inicial de Turquí­a, de la mano de Tí¼rkoglu (15-14) y un primer pero efí­mero empeño de negar puntos de contraataque a su rival. Ajustadas las piezas, incluso recurriendo puntualmente a Curry para que aportara mayor amenaza en el tiro exterior, los estadounidenses fueron imponiéndose en todos los aspectos del juego. Tí¼rkoglu se apagó en la segunda parte e Ilyasova repitió su actuación gris de las semifinales ante Serbia. De todas maneras, nada ni nadie dio la más mí­nima sensación de poderle robar el protagonismo a Durant y el oro a una selección que actuó como pocas veces habí­a hecho, como un auténtico equipo.