¡Qué cuero tiene el cinismo en la red vial!


  A principios del pasado mes de junio, cuando las lluvias comenzaban a causar estragos en las carreteras del paí­s, la junta directiva del Colegio de Ingenieros de Guatemala públicamente manifestó su «preocupación por la vulnerabilidad puesta en evidencia en la infraestructura del paí­s», e indicó «la mala calidad de la obra pública».

Eduardo Villatoro

 Además, lamentó que «las obras de infraestructura sean el pago de favores polí­ticos, adjudicando proyectos de ingenierí­a a empresas de dudosa reputación y carentes de ética». Solicitó que la reconstrucción de las obras se contrate «de manera transparente»; pidió al Gobierno que se realizara una exhaustiva investigación de los factores que provocaron el colapso de la infraestructura; se comprometió a «ejercer una fiscalización técnica» en el caso de que «un profesional de la Ingenierí­a se vea involucrado en una mala práctica profesional», y recomendó a sus colegiados no prestarse a ningún acto de corrupción.

 Estoy convencido de que la mayorí­a de ingenieros son eficientes, honestos e incapaces de ejecutar obras utilizando material de mala calidad y de acceder a las exigencias de «mordidas» de parte de funcionarios públicos, en este caso, del Ministerio de Comunicaciones; pero en esa ocasión, al comentar tal declaración yo inquirí­a quiénes son los encargados de dirigir y supervisar las obras del Gobierno, como carreteras y puentes. ¿Serí­an, acaso -preguntaba-, médicos, pedagogos, abogados, veterinarios, farmacéuticos o dentistas?

 La reiteración anterior viene a cuento porque el pasado martes la Cámara Guatemalteca de la Construcción y la Asociación Guatemalteca de Contratistas de la Construcción publicaron una declaración conjunta manifestando -¡vaya hombre!- su «enorme preocupación por el estado actual de la infraestructura y la grave situación que este deterioro provoca», por lo cual «exigen» al Gobierno y al Congreso actuar responsablemente para asegurar la integridad fí­sica de quienes utilizan la red vial; la asignación de recursos para enfrentar la emergencia, y «su uso transparente, para la ejecución y supervisión de calidad profesional». ¡Leerlo para creerlo!

Por su parte, el vicepresidente Rafael Espada declaró que tiene «dudas» acerca de la apropiada construcción o reconstrucción de carreteras, en cuanto a que si las empresas constructoras utilizaron materiales de mala calidad y no supervisaron correctamente la forma como se diseñaron las ví­as y se construyeron terraplenes, puentes, túneles y taludes; pero nadie se ha atrevido a pedir al Gobierno que plantee ante los órganos jurisdiccionales la eventual responsabilidad penal de los constructores.

 El Colegio de Ingenieros, la Cámara de Construcción y la Asociación de Contratistas ¡cumplieron con su deber! al emitir severos señalamientos por los malos diseños y la pésima planificación y construcción de carreteras y de puentes, que ha contribuido a la trágica muerte de humildes guatemaltecos, ví­ctimas de derrumbes y de caudalosas corrientes de agua.

  ¡Qué cuero tiene el cinismo!

 Ahora sólo falta que el Ministro de Comunicaciones y sus acólitos expongan su enérgica declaración acusando a transportistas, automovilistas, ciclistas y peatones por su imprudencia de utilizar la red vial en época de lluvia.

(Cuando Romualdo Tishudo, tractorista de una constructora de carreteras llega a su casa con olor a licor, su mujer le reclama: -¡¿Cómo es que vení­s medio borracho?! El obrero responde: -¡No es mi culpa; es que no me alcanzó el pisto!).