A propósito del coronel Salán.


Ha sido capturado el coronel retirado Jacobo Esdrás Salán Sánchez, reputado integrante y señalado como uno de las cabezas del grupo de poder oculto conocido como La Cofradí­a. Acusado de haber participado en el desfalco de 120 millones de quetzales del Ministerio de la Defensa durante el perí­odo de Alfonso Portillo, podrí­a pensarse que este es el recurso obtenido por la administración de justicia en el paí­s para procesarlo. Inevitable es recordar el caso de Al Capone en los Estados Unidos de América de los años treinta, a quien se logró recluir en la cárcel acusado de evadir impuestos. Pecatta minuta si se le comparaba con todas las atrocidades que el famoso gángster habí­a cometido durante los años previos. Todaví­a falta por verse si el coronel Salán gozará de la blandura judicial de la que está gozando su compañero de armas y demás actividades, el mayor retirado Napoleón Rojas. Si es cierto que La Cofradí­a no se restringe a un grupo de militares sino que es un grupo con operadores civiles y militares irradiado en las más amplias esferas del Estado y la sociedad en Guatemala, y esto incluye el aparato judicial y el gremio de los abogados, la labor del procesamiento de ambos militares será titánica.

Carlos Figueroa Ibarra

No puede dejar de llamar la atención que el coronel Salán es la quinta persona que está siendo procesada por el delito referido y que concierne, en particular, al perí­odo presidencial de Alfonso Portillo. Sabido es la gran influencia que tuvo La Cofradí­a durante dicho gobierno. Asistimos entonces no solamente al asedio a uno de los dos grupos de poder oculto más famosos del paí­s, sino también al golpeteo de un gobierno en particular. Alfonso Portillo encabeza el grupo de acusados que están siendo procesados y ocupa el triste lugar de ser el único ex presidente de Guatemala que desde hace muchos años ha sido encarcelado (él que yo recuerdo claramente que sufrió igual destino fue Manuel Estrada Cabrera después de su derrocamiento). De seguir las cosas como van, Portillo serí­a el primer ex presidente que serí­a deportado a los Estados Unidos de América para cumplir una considerable condena en dicho paí­s. Hay un dicho en México que dice que en ese paí­s meten en la cárcel solamente al que le caen o al que le buscan. Si fuera aplicable a Guatemala dicho chusco aforismo, cabrí­a preguntarse ¿Quién le ha andado buscando a Portillo y a La Cofradí­a?

En lo que se refiere a Alfonso Portillo no puedo sino recordar que hace algunos dí­as escuché en un taxi una suerte de encuesta que hací­a un programa de radio con motivo de uno de los avatares judiciales del ex presidente. La pregunta que hací­a el programa de radio era si se le consideraba un mal o buen presidente. Para mi sorpresa, la inmensa mayorí­a de las personas que llamaron al programa desde los más diversos lugares del paí­s, opinaron que habí­a sido un buen presidente y que estaba siendo castigado por la «élite», «la súper cúpula empresarial», «los ricos», «los poderosos». ¿Será esta una percepción generalizada en el paí­s? No me parece que sea así­ en un sector muy importante de clases medias urbanas pero no estoy seguro de lo mismo en los estratos de más bajos ingresos. Lo cierto es que Portillo y su gobierno tuvieron desplantes frente a la cúspide empresarial que en este paí­s se pagan caro. Y en lo que se refiere a La Cofradí­a, me queda claro que para los Estados Unidos de América es un asunto de seguridad nacional el que los paí­ses en su área circundante no sean avasallados por grupos criminales que secuestran al Estado en sus más distintos niveles. Ciertamente vivimos hoy una situación peligrosa: la penetración del narcotráfico y demás actividades de crimen organizado en las más diversas instituciones. El que los actores de las pistas subterráneas de la polí­tica sean determinantes en la gestión estatal. Esto parece haber sucedido en el gobierno de Alfonso Portillo.

La pregunta que puede hacerse es si esto ha sucedido solamente en dicho gobierno y si no estamos ante el riesgo de que en el futuro, otro de los poderes ocultos no se aferre porque le ha llegado su momento.