No queremos un chapuz, queremos una Reconstrucción Humana


Lamentablemente, hasta que no ocurre una tragedia de grandes proporciones, el Estado de Guatemala no se mueve para remediar el daño hecho. Tal parece que son necesarias 46 muertes y 44 mil afectados para que se haga algo a alto nivel.

Mario Cordero ívila
mcordero@lahora.com.gt

La negociación polí­tica se entrampó porque los sectores de poder insistí­an en mantener sus exigencias: el Gobierno central no estaba dispuesto a sacrificar sus programas de Cohesión Social, y la oposición -comprendiendo la importancia que éstos tienen para el próximo año electoral- exigió que se debilitaran. El Congreso, sobre todo los diputados regionales, insistí­an en fondos para sus intereses, y el Gobierno intentaba no acceder, porque sabe que ahí­ hay fuga de dinero. El empresariado insistí­a en el pago de deuda a los contratistas y en la rehabilitación pronta de las ví­as terrestres para no interrumpir el comercio.

Al final de cuentas, ninguno de los sectores de poder cedió sus demandas; al contrario, todos quedaron contentos, a riesgo de incrementar más el presupuesto que nació desfinanciado.

Claro está, considero que la principal culpable de todo esto es la falta de transparencia que ha demostrado el Gobierno, lo cual ha provocado recelo en la oposición para otorgarle recursos, incluso cuando éstos son sumamente necesarios.

Con la Ampliación Presupuestaria que ayer se aprobó en el Congreso de la República -con el objetivo de financiar la emergencia por los desastres naturales-, es notorio que estos gastos están deshumanizados. Se están destinando para reparar los daños en la red vial (carreteras y puentes), lo cual beneficiará, principalmente, al comercio. También se tapará el déficit presupuestario que tiene el Gobierno (sobre todo en los hospitales), así­ como el pago de deuda -interna y externa-, lo cual no servirá para reconstruir, sino para pagar compromisos añejos.

¿Y dónde está el rostro de los 44 mil afectados en esta readecuación? Si tuvieron que morir 46 personas por la negligencia, ¿dónde dice que esto evitará más muertes?

La Reconstrucción se está entendiendo exclusivamente para reparar lo dañado en la infraestructura vial del paí­s. En ese caso, no estamos reconstruyendo, sino «parchando» al paí­s, o, para darle un tono más chapí­n, estamos «chapuceando» al paí­s.

Las crisis son momentos difí­ciles para las autoridades de turno; a nadie le gustarí­a que durante su gestión (ya sea en un paí­s, municipio, empresa o cualquier organización) tuviera que enfrentar una crisis. Sin embargo, muchos de las grandes lí­deres han surgido justamente porque han mostrado carácter durante las crisis.

A pesar del luto nacional, debemos darnos cuenta de que el momento nos da la oportunidad para reconstruir al paí­s (o, más bien, construir, porque este paí­s nunca ha sido construido), pero poniendo al ser humano al centro.

¿Qué nos interesa con esta Reconstrucción? ¿Conseguir un caudal electoral? ¿Conseguir que finalmente el Estado pague sus deudas? ¿Chapucear la red vial? ¿O hacer todo lo posible para que en el próximo invierno no nos ocurra lo mismo? Peor que la red vial o la economí­a del paí­s, se encuentra la población, de luto y con la moral baja; deberí­amos hacer todo lo posible para que la gente renazca de sus cenizas.

Ni una muerte más, deberí­a ser la consigna. Pero, por el momento, el Gobierno de la «Esperanza», carece de esto último.