Las torrenciales lluvias de los últimos días han dejado en Guatemala una estela de destrucción, luto y dolor agudizando las condiciones de pobreza que agobian a un alto porcentaje de la población.
Los deslaves, las inundaciones, puentes partidos en dos, carreteras agrietadas, ríos desbordados, viviendas destruidas, pobladores arrastrados por las fuertes correntadas, cultivos agrícolas arruinados, personas y vehículos soterrados, son el retrato de la fragilidad de nuestro país, que a pesar de su enorme riqueza, sigue sumido en el rezago del desarrollo, pues las elites criollas y extranjeras, constantemente saquean nuestros recursos y ello lo hacen en nombre de la democracia y la libertad de mercado.
Los derrumbes que se han producido en los últimos días en diversos puntos de la red vial, pero particularmente en el kilómetro 171 de la carretera Interamericana, literalmente sepultaron a decenas de personas causando una profunda conmoción entre la opinión pública, al grado que el presidente ílvaro Colom calificó la situación como una verdadera tragedia nacional.
Las actividades de socorro se han realizado dentro de una atmósfera muy adversa por la persistencia de las lluvias, y el hecho que las montañas se encuentran saturadas de agua, lo cual ha aflojado la tierra haciéndola propensa a los deslizamientos.
El trabajo de las brigadas de ayuda, integradas esencialmente por bomberos voluntarios y municipales, así como miembros del Ejército, de la Policía y voluntarios oriundos de los poblados cercanos, quienes han estado removiendo la tierra y las piedras en busca de quienes quedaron enterrados, es ejemplo de una demostración de gran solidaridad humana.
Muchos de los socorristas, particularmente voluntarios miembros de comunidades cercanas murieron cuando estaban trabajando, pues en ese momento les cayó encima otro alud.
El heroísmo de los integrantes de estos grupos de rescate no tiene precedentes en la época contemporánea. En este contexto, hay que destacar la acción de los Bomberos Voluntarios y Municipales, quienes han tenido sobre sus espaldas la responsabilidad de coordinar las actividades de socorro.
La ocasión es propicia para que el Gobierno, las municipalidades y la sociedad en su conjunto, asignen fondos suficientes a los cuerpos de bomberos, pues año con año afrontan dificultades presupuestarias. En numerosas ocasiones han tenido que salir a la calle a pedir ayuda. Paralelamente se deben mejorar los sueldos de sus integrantes, pues como todos los seres humanos, ellos también tienen necesidades familiares. Vaya nuestra admiración y reconocimiento por la labor humanitaria de los bomberos y de los socorristas en general.