Aquiles Pinto Flores en una avenida de Chiquimula


Ahora que he recibido la invitación a la que haré referencia, me acuerdo que hace unos 15 años, cuando aún viví­an mi hermano José Luis Villatoro, poeta confeso, y el notario más que abogado Fredy Alberto de León, amigo de toda la vida -en la alegrí­a y el desconsuelo-, la alcaldí­a auxiliar de El Carmen Frontera y los vecinos de esa aldea de Malacatán acordaron declararnos a ellos dos y a mí­ «Hijos Predilectos» de ese amado y pequeño lugar de San Marcos, sin que pesara en la decisión que la mayorí­a de los habitantes fueran familiares y amigos nuestros.

Eduardo Villatoro

Por supuesto que el acto no alteró el acontecer departamental y ni siquiera municipal, porque fue una regocijante actividad lugareña en la que todos nos conocí­amos, y de ahí­ que no hubo excelsa ceremonia, pero sí­ el discurso del alcalde auxiliar, el escandaloso tronar de cuetes de vara y las tristonas notas de una marimba cuache, más los clavos de un bolo relajero.

Todo lo contrario ocurrirá el próximo viernes en la ciudad de Chiquimula, cuando su cotidianidad será interrumpida por una celebración especial, puesto que el Concejo municipal, a solicitud de la Asociación de Hijos Ausentes de San José La Arada, de ese departamento, acordó designar con el nombre del poeta, periodista y profesor Aquiles Pinto Flores la 5ª. avenida de la zona 1, a cuya vera se encuentra la casa del columnista de Prensa Libre.

Hay mucho que decir de este amigo que hasta su nombre es un tanto onomatopéyico, aunque en realidad yo jamás he visto con mis propios ojos que Aquiles haya dibujado por lo menos una maceta de geranios, probablemente porque las jacarandas, claveles, jazmines y otras bellas y aromáticas flores las ha llevado en el pensamiento para darle color y armoní­a a sus poemas.

Cuando yo conocí­ a quien posteriormente serí­a director de la desaparecida editorial José de Pineda Ibarra, diputado al Congreso y embajador en Colombia, a finales de los años «70 en la Redacción del también extinto diario El Imparcial, ya este hijo predilecto de Chiquimula habí­a publicado su primer opúsculo con un tí­tulo de bolero ojeroso, denominado «Triángulo sentimental», en 1950, porque desde entonces su verbo se ha caracterizado por inclinado romanticismo, de suerte que dos años más tarde sale a la luz su libro «Dos sonetos y una estancia para tu voz de estrella» .

En 1964 publicó su poemario «Del viento al alba», reeditado en 1973 con el prólogo del maistro Marco Augusto Quiroa ( ). Posteriormente, escribió un  libro cercano a la crónica periodí­stica que tituló: «Yo fui rehén del M-19», el movimiento revolucionario que retuvo a un grupo de diplomáticos extranjeros en Colombia, y que lo prologó el ex presidente de ese paí­s, Carlos Lleras Restrepo. Retornó a la poesí­a en 1984 con «Estancias por el deseo iluminadas», y el año pasado publicó su libro de sonetos: «Estambres envidiados por el oro».

Un dí­a de tantos caminaré por la Avenida Aquiles Pinto Flores.

(Sentidas condolencias a mi amigo y compañero Miguel íngel Albizures, columnista de elPeriódico y activista social, por el sensible fallecimiento de su amado padre, don Alejandro).

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