La tragedia del migrante guatemalteco empieza aquí, en nuestro país. Un 98 por ciento se ve obligado a buscar los Estados Unidos como fuente de trabajo porque aquí no encuentra y tanto él como su familia viven en condiciones de pobreza extrema. Un gran porcentaje que va en busca de los ansiados dólares para enviárselos a su familia que se los «venden» a los bancos con un diferencial de 20 centavos de quetzal menos en cada dólar, proviene de pequeñas comunidades de Huehuetenango, San Marcos, Quiché, Quetzaltenango, Totonicapán, Chimaltenango y otras del suroriente.
 El calvario de este viaje sin retorno empieza aquí al buscar a un coyote que por dos mil o hasta cinco mil dólares los lleve a alguna ciudad fronteriza de los Estados Unidos. Para pagarles a estos coyotes se quedan endeudados y son engañados muchísimas veces, por eso otros más, que no consiguen para pagar el viaje se van por su cuenta y riesgo.
  En ambos casos deben de viajar en el llamado tren de la muerte, pagar mordidas a policías mexicanos y finalmente cruzar un desierto, en donde muchos fallecen de inanición o se pierden en esas extensas zonas. Como bienvenida se encuentran con un muro y patrullas fronterizas gringas que, si los encuentran, son vapuleados, humillados y encarcelados como los peores criminales, en una nación racista por excelencia, digna de la Alemania nazi.
 Pero eso no es todo. Ahora nos encontramos que también el narcotráfico y particularmente el grupo de los Zetas ha encontrado otra fuente de ingresos al «secuestrar» a estos hermanos guatemaltecos y centroamericanos y pedir rescates de mil o hasta 10 mil dólares a las familias, para dejarlos vivir. Hoy empieza a revelarse esta otra macabra situación por la que atraviesan los migrantes, impulsados por la desesperación y la esperanza, tras la masacre de 72 de ellos en la ciudad fronteriza de Tamaulipas.
Según datos de la Comisión de Derechos Humanos de México, durante los primeros seis meses de este año han sido secuestrados más de 9,700 migrantes y al menos 400 han sido asesinados por el narcotráfico. Son cifras que nos indignan y al mismo tiempo nos entristecen. Tuvo que ocurrir una matanza en México para que se hiciera pública la otra amenaza para los desarraigados de su propia tierra: el narcotráfico. Y parece que los gringos se regocijaran con lo que ocurre pues a los pocos días eufóricamente señalan que en la frontera común con México ya está patrullando un avión «fantasma, no tripulado,» para detectar a estos osados «criminales», según ellos, que van a buscar trabajo, no a matar, ni a robar, pero que no tienen la visa de la ex poderosa nación. Aparte de ello, ya enviaron más soldados al lugar y leyes xenofóbicas, como la de Arizona, estigmatiza a los migrantes.
 Tal parece que el narcotráfico y los Estados Unidos han forjado una nueva alianza de beneficio mutuo, como existe en Guatemala, especialmente con la banca, la iniciativa privada y el sistema de justicia.
 Nuestros migrantes siguen arriesgando su vida, siguen integrándose a ese círculo vicioso porque aquí no tienen nada, en cambio, piensan que en el Norte tendrán, al menos una oportunidad de construir su sueño, los que sobrevivan.
 Pero el Presidente y la Cancillería están haciendo » grandes esfuerzos» para solucionar el problema: ya pidieron a Obama que por favorcito reciba a Colom (ojalá no le vaya a pasar lo que le pasó con el barbudo Fidel) y además, fíjense ustedes que maravilla, la Cancillería va a pagar el ataúd de los cinco migrantes muertos en Tamaulipas ya que el transporte de sus restos será proporcionado por México y Colom anunció, solo anunció, que las familias de las víctimas serían indemnizadas…¡Cómo si con eso resolvieran el problema! !Qué bárbaros¡ Â