El grupo garante del Acuerdo Nacional de Seguridad y Justicia terminó haciendo lo que se veía venir, es decir, abandonó el acompañamiento a un esfuerzo que nunca llegó a materializarse por la simple y sencilla razón que el tema no es parte de las prioridades del Gobierno.
ocmarroq@lahora.com.gt
Yo tengo la impresión de que tanto para Colom como para su esposa, sus adversarios políticos son aquellos que privilegian el tema de la seguridad y ambos creen que si esa era la propuesta de Pérez Molina, los que votaron por ese militar pensando en seguridad «que se frieguen», porque para ellos la prioridad está en las cuestiones sociales y no en darle seguridad a la gente. Por supuesto que es una actitud subconsciente pero que tiene efectos muy serios en la situación del país.
Tanto que la implementación de los acuerdos de seguridad y justicia, promovida publicitariamente como un gran esfuerzo para mejorar las condiciones de seguridad en el país, nunca recibió ningún apoyo de quien realmente manda y decide. Y está visto que en este gobierno únicamente se ejecutan al pie de la letra las políticas que interesan electoralmente a la esposa del Presidente y todo lo demás se queda en el abandono por falta de acompañamiento y de esfuerzo para sacar adelante proyectos específicos.
De suerte que la presencia de los representantes de la Iglesia Católica, de las Iglesias Evangélicas, de la Universidad de San Carlos y el Procurador de los Derechos Humanos como garantes de una política inexistente, era absolutamente estéril y desgastante porque cada vez que se reunía el G4 era para pasar revista de lo que se había dejado de hacer y nunca para evaluar lo que se había hecho, simplemente porque no se ha hecho prácticamente nada.
Para los señores Colom nuevamente el tema electoral ha de enfrentar a votantes que buscan programas sociales que les den asistencia a los más pobres contra aquellos que buscan seguridad. En encuestas que han realizado se dan cuenta que, una vez más, el tema de la seguridad afecta a la población de centros urbanos, mientras que el otro es el que atrae votos en el interior del país y mantienen su apuesta de ganar mediante un refuerzo al respaldo urbano con la alianza que de hecho mantienen con Arzú y otros alcaldes de municipios muy poblados.
Eso es lo único que puede explicar por qué tanto desinterés frente a la criminalidad y la violencia que diariamente cuesta tantas vidas. En otras palabras, era inútil mantener un grupo garante de un acuerdo que no tiene la menor importancia dentro de la estrategia del gobierno actual que ha estado siempre dominado por los intereses electorales y por la determinación de la señora de Colom. Implementar acuerdos como los que contenía el relacionado con seguridad y justicia demanda compromiso serio y permanente para llevar adelante transformaciones y cambios que van más allá de lo cosmético y aun y cuando el mismo Presidente hubiera en determinado momento pensado que valía la pena el acuerdo, él no tiene el empuje ni la determinación ejecutiva que tiene su esposa para hacer que las cosas se vuelvan realidad. Y los ministros y colaboradores saben dónde aprieta el zapato y cuáles son las instrucciones que tienen que seguir realmente y dónde no pueden fallar.
De suerte que abandonar el papel de garantes de algo inexistente es lógico y era de esperarse si los integrantes del grupo tenían un mínimo de respeto por sí mismos, ya que eran vistos peor que chenca de puro por los funcionarios del Gobierno.