En 1998 una veintena de estudiantes latinoamericanos viajaron a la Conferencia Mundial sobre Educación de la UNESCO en París. El debate principal era sobre el carácter humanista de la educación o el enfoque tecnocrático que ésta debe tener en el siglo XXI. La primera postura era defendida principalmente por estudiantes, la otra impulsada desde instituciones financieras internacionales y autoridades universitarias.
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No obstante la discusión y debate promovidos por UNESCO, las políticas neoliberales se venían aplicando ya en todas las universidad de Latinoamérica, con resultados hoy en día desastrosos. La toma del campus central de la Universidad de San Carlos, por parte de Estudiantes por la Autonomía, EPA, pone en evidencia la grave crisis que vive la Universidad desde hace más de una década.
En el discurso expresado por EPA se habla de defender la autonomía y detener la privatización de la Universidad. Sobre el primer punto hay diversas opiniones, una de las más acertadas a mi parecer es la del columnista Raúl Molina Mejía publicada el 13 de agosto en Diario La Hora.
Respecto al tema de la privatización, esta se niega desde las autoridades, pero es evidente en los intentos constantes de subir el costo de la matrícula, cobros por biblioteca o en el examen de admisión que excluye y niega el ingreso a gran cantidad de recién graduados de nivel medio cada año. Los cursos de nivelación, los laboratorios en las áreas de química, física, biología, en muchas unidades académicas son impartidos a cambio de cobros, bajo el pretexto de compra de materiales y reactivos. Por eso las y los miembros de EPA tienen razón en poner sobre el tapete la necesidad de que la Universidad reciba del Estado una asignación no menor del 5 % del presupuesto nacional como lo establece la Constitución de la República.
Pero la privatización menos perceptible y más dañina es la privatización de las mentes que pasan por las aulas universitarias. Las reformas curriculares de los años 90 redujeron la capacidad de hacer pensar, de cuestionar y entender la realidad. Hoy salen de la Universidad técnicos y no profesionales. Gente muy capaz en administrar una empresa o en aplicar bien un procedimiento productivo, pero con pocas capacidades para entender el medio social en que vive y transformarlo para beneficio social. Ejemplo claro el pénsum de estudios 1998 de la Facultad de Agronomía, que eliminó buena parte de las áreas sociales en sus carreras.
La salida a la crisis de la Usac deberá ser mediante el diálogo. Sería condenable que el Rector y el Consejo Superior Universitario ejerzan la fuerza para abrir las puertas de la Universidad, pues sería muestra del autoritarismo que prevalece en la toma de decisiones en el gobierno universitario. Ya algunos docentes de medicina, de forma irracional, han golpeado a estudiantes que tienen tomado uno de los centros universitarios. Una propuesta de EPA, secundada por varios sectores estudiantiles, docentes y profesionales, es el inicio de un proceso de Reforma Universitaria que contrarreste los efectos nocivos de las reformas de los años 90, que implique discutir sobre el gobierno universitario para este nuevo siglo pero también que plantee comprender que el mundo no es el mismo que hace cincuenta años y así reconstruir los contenidos de las carreras que la Usac imparte. La Agronomía deberá convertirse en agroecología, la medicina deberá pasar de ser curativa a una medicina preventiva y comunitaria, la arquitectura e ingeniería deberán volver la vista a las necesidades de la gente sin techo; la universidad en su conjunto deberá volcarse a los problemas que el país enfrenta y hacer aportes para reducir las inequidades sociales y los daños ambientales que hoy prevalecen en nuestra realidad.