El fin de semana vi un reportaje en la televisión mexicana sobre un sector de la juventud de ese país al que le denominan «los ninis». El término se refiere a que son jóvenes que ni estudian, ni trabajan. Y no lo hacen por no querer, sino porque no tienen la oportunidad de hacerlo, en tanto que ni el Estado ni el mercado están en capacidad de ocuparlos o darles acceso a la educación superior.
La única diferencia de esta realidad mexicana, con la guatemalteca, es que en México existe una categoría para denominarlos. Y no es poca cosa. La verdad es que es un gran paso porque al menos de esa forma se define una problemática latente, y a partir de ahí se puede analizar este fenómeno.
Pero al hablar de los ninis, tanto en México como en Guatemala, las consecuencias son similares. Este sector de la juventud encuentra tres salidas probables a su situación: en el mejor de los casos está el empleo informal o popular. La segunda opción, cada vez más riesgosa, es la migración a Estados Unidos o México. Y la tercera opción viable es sumarse a la economía del delito; es decir, ser delincuente.
Pero obviamente, no basta analizar sólo las consecuencias. Es fundamental ver las causas, las cuales son estructurales y nos llevan a ver los resultados de los cambios que se han dado en el sistema político y económico.
El modelo económico neoliberal instaurado en el país, y que no es ningún término panfletero como se suele creer, ha promovido la reducción del Estado en diferentes áreas. En el caso de la Educación Superior, además de estarse concesionando a empresas privadas una serie de servicios dentro de nuestra casa de estudios, se ha reducido el presupuesto a casi la mitad de lo que está establecido en la Constitución Política de la República.
Aunado a esta situación, el actual proceso de admisión a la Universidad de San Carlos de Guatemala, es arbitrario y excluyente. Producto de esta realidad, mucha de la juventud no aceptada en la Universidad, tiene que esperar un año, o quizás más tiempo, para estudiar una carrera universitaria. Esta juventud es la que muchas veces se enfrenta ante la imposibilidad de conseguir trabajo y acceder a la Universidad (un nini).
Con la toma de la Universidad, el grupo de Estudiantes por la Autonomía -EPA-, tiene entre sus demandas, dos peticiones fundamentales porque precisamente buscan hacer frente a esta exclusión al ingreso a la Universidad: Uno es «Que el Consejo Superior Universitario (CSU) haga un pronunciamiento público exigiendo el 5% del presupuesto General de la Nación». El otro es «La Revisión al proceso de admisión a la Universidad».
Son dos demandas justas y sobre todo viables. Con voluntad se puede presentar una nueva propuesta de plan de admisión. Pero sobre todo, exigiendo el presupuesto adecuado se puede dejar de restringir el acceso de la juventud a la Universidad.
Pero las autoridades y algunos medios hacen oídos sordos y no hacen más que criminalizar las acciones. Y me parece absurda la publicación de Prensa Libre (21/08/10) que señala que entre los manifestantes hay jóvenes no aceptados, es decir que «ni siquiera son universitarios», cuando precisamente la crisis está relacionada con esa exclusión a la Universidad.
Claro está que muchos afectados hay de la toma de la Universidad, pero peor sería terminar este paro sin soluciones a esta problemática en la educación superior. Si no es ahora, ¿cuándo?