
UN PELIGROSO DELINCUENTE ESCAPA
¡Tantos nombres que tengo!
Mi nombre bautismal, bíblico, serio,
más mis dos apellidos cronicones
llenos de cementerios y de gentes;
mi número de cédula complicado y conciso,
para estar atrapado en documentos, sin escape posible;
los de los pasaportes, que amo tanto,
y el de esta libretita que me sirve sólo para votar
sin que me pongan multa y sin que me den gusto;
la dirección postal de donde vivo,
mi número en la guía telefónica, la placa de mi carro
¡tantos nombres que tengo y que he tenido!
Mas, si he de ser exacto, te diré
que sólo tres me gustan:
ese que dices en aquel momento,
mi apodo de la escuela,
y el «papá» del patojo.
El primero, nadie más lo sabe;
el segundo, ya todos lo olvidaron
y el tercer lo tiene todo el mundo.
Cuando me hablo conmigo
uso indistintamente estos tres nombres
y mi peor bofetada hubiera sido
que tú, que mi pupitre o que mi niño
me hubieran saludado con un número
o con un título universitario.
Fuera de estos tres nombres, dejo el resto
a la posteridad:
que me sumen mis números, que agreguen
el de mi ficha de la policía y el que habrá de tener mi mausoleo,
que me los multipliquen, los dividan, saquen raíz cuadrada
y los digieran.
Que busquen en mis ramas genealógicas
entre las frondas de los apellidos
hasta llegar a un mono,
a un incesto,
a un parto indecoroso
y que se aburran.
Que armen un expediente arquitectónico
y que metan en él sus detectives,
sus telescopios y sus microscopios,
para dar con mi pista.
Y no me encontrarán por ningún lado
porque yo estoy afuera de todo eso.
Porque yo sólo estuve en tres lugares:
sobre tus ingles, cuando lo dijiste;
con mis amigos, cuando lo dijeron
y junto al niño, cuando me lo dijo.
Y ahora que me acuerdo,
nunca invitamos a ningún notario.
***
CRí‰DITOS
Hoy me desnudo entero.
Hablo y escucho un poco de mí mismo.
Hoy no hablo del amor
sino del mío.
í‰stas son actitudes personales
que no tienen que ver con todo el mundo.
Si hablo a veces en diálogo es porque estoy muy solo.
Y si hablo de otros me refiero a aquello
que está fuera de mí.
Si soy procaz,
si insulto
y si aparece una mujer desnuda
y un hombre en rayos equis,
es porque no soy apto para adultos.
Todo esto que sucede en blanco y negro
lo ha captado una cámara que funciona al compás de cómo vivo.
La música de fondo sí no es mía:
no sé dónde la oí.
De alguna parte me la habré robado.
Actuación especial: la de sus labios, la de mi almohada y la de la premura.
Hay un sinfín de extras detestables.
Por lo demás,
derechos registrados
y cualquier parecido es coincidencia.
***
UNA CRíNEO EN LA SOMBRA
¿Dónde poner ahora la cabeza?
Me dijeron:
– ¡los pies sobre la tierra,
las alas en el viento
y las manos arriba!
¿Y la cabeza?
Se han tejido teorías, se han fabricado hipótesis:
– la cabeza, debajo del sombrero;
encima de los hombros;
al final del cogote;
detrás del mecapal;
bajo el cuchillo de la guillotina;
al encuentro de un tiro de pistola;
en medio de laureles;
bajo la lupa de un psicoanalista.
¡Pero nunca en tus manos
nunca en tu regazo,
nunca en la almohada, al lado de la tuya!
Y de no ser así
¿cómo justificarla?
Ya no es bastante sólo decir:
gracias a ella existen las industrias
de peines, de analgésicos, de anteojos,
libros y barberías,
los dentistas, los oculistas y los narizólogos
¡tanta gente viviendo de este redondo y complicado fruto!
Pero al final de cuentas
yo sólo estoy preguntando una cosa:
Si no es entre tus manos, si no es en tu regazo,
si no es sobre la almohada, al lado de la tuya
¿dónde poner, entonces, la cabeza?
***
LA LENTA MUERTE LLEGA
Tengo ganas de un poco de entusiasmo
que no siento hace tiempo.
No sé por qué no sabe a nada vivo
ni el mes, ni la avenida, ni la luz, ni el orgasmo.
En realidad también tengo la culpa
y me declaro honestamente reo de una gris negligencia
que por todo mi cuerpo se pasea
y que de todo mi fervor disfruta.
Pero, además, declaro
que han entrado en mis días muchas gentes
armadas de agresivas pasividades turbias
y han saqueado mis horas una a una
hasta dejarme sólo esta inopia profunda.
Han tomado mis sueños,
mis molares,
mis palabras usuales
y mis vísceras.
Con mis ideas han envuelto carne
y ropa sucia con mi vida íntima.
Protesto.
Yo protesto.
Tengo ganas de un poco
de entusiasmo tardío y trasnochado,
del estricto, del justo y necesario
para morir mi almuerzo.