Q75,770 millones


Según los últimos datos del Banco de Guatemala, sobre la deuda documentada, es decir, la que se contrae a través de préstamos o emisión de bonos y por lo tanto no incluye a la llamada «deuda flotante», que el Estado tiene con sus acreedores es de «apenas» SETENTA Y CINCO MIL SETECIENTOS SETENTA MILLONES DE QUETZALES, (sin intereses), de los cuales Q32,410 millones corresponden a la deuda interna, que se paga en nuestra devaluada moneda y. $5,419.800,000 millones de deuda externa que se paga en dólares por lo que en quetzales a un tipo de cambio de 8 quetzales por un dólar multiplicándolos por $5,420 millones (para no ser pichicatos por apenas $200,000 que cualquier entidad del Estado se los gasta al chilazo), nos da la suma de Q43,360 millones. Sume la deuda interna y la externa y nos proporciona la cifra que encabeza esta columna.

Héctor Luna Troccoli

Este proceso de endeudamiento acelerado se inició al comenzar la «era democrática» en 1986 cuando don Vinicio Cerezo llegó al poder, pero se multiplicó con Arzú, Portillo, Berger y ahora Colom, quien ha batido todos los récords, debido, digo yo, a las grandes obras y sobre todo a la atención a los pobres que se ha dado a través de Cohesión Social y programas similares, aunque también podemos echarle la culpa al mal tiempo que nos ha tocado vivir en estos años, para lo cual se necesitará de más dinero y reparar lo que se pueda.

Fí­jese que si hacemos cuentas de que supuestamente ya llegamos a 12 millones de guatemaltecos, incluyendo recién nacidos, niños, jóvenes y ancianos, ellos y ellas, en extrema pobreza o abundante riqueza, sanos o enfermos, con comida o sin comida, para solventar esta deuda a cada uno de nosotros nos tocarí­a pagar Q6,314.17, que puede considerarse «poco», pero estoy seguro que un recién nacido, un niño o los más de 9 millones de compatriotas que los desestabilizadores del gobierno dicen que viven en situación de pobreza, no podrí­an pagar jamás una suma así­, sobre todo porque no han recibido nada a cambio, ni educación, ni salud y menos aún seguridad y trabajo.

Estas deudas alimentan los presupuestos de ingresos y egresos de la Nación, los cuales se han destinado en su mayorí­a, al pago de gastos de funcionamiento, es decir los salarios de los empleados y funcionarios del Estado, trabajen o no trabajen y por lo general, un promedio del 20 por ciento se destina para el pago de deuda, de esa misma deuda de la que hablamos, destinándose a inversión muy bajos porcentajes que usualmente solo existen en el papel porque a las entidades a las que se les asignan no tienen capacidad de ejecución o se los dan a los diputados para que ellos «contraten» esas obras, o forman fideicomisos oscuros, o llaman a ONG fantasmas, con el supremo propósito de «huevearse» lo más que puedan.

¿Y de donde sale el resto del pisto?, pues ni modo, de la clase media y algunos de clase alta y económicamente saludables, que como cosa extraordinaria, si pagan impuestos, los cuales no se recaudan de manera adecuada por varios factores: el primero, la ineficiencia de la SAT que pierde tiempo en joder a tenderos y pequeños comercios que pagan extorsiones, pero que difí­cilmente le caen a los peces gordos, con excepción de dos que tres, que por pura mala suerte y por meterse a polí­ticos opositores, han caí­do en las garras de ese extraño elemento intangible que se llama justicia; lo segundo es que existen empresas económicamente rentables que forman parte del «poder paralelo» que nos acosa y que está enquistado en el gobierno, que llevan doble contabilidad, contrabandean, no extienden factura y cometen cuanta defraudación tributaria pueden, amparados en que son «cuates» de los meros y meras, meras; el tercero, en que obviamente hay gente que trata de no pagar impuestos porque sabe que su dinero no será utilizado de buena manera mientras no exista la transparencia y la honradez que todos exigimos y por último, la percepción que se tiene de que los fondos públicos no tienen un destino que tienda al bien común, pero, insisto, con honestidad concreta y profunda.

Ante el desabastecimiento de dinero por parte del gobierno, pues el único recurso es acudir al endeudamiento tanto interno como externo, sino, basta ver como el Congreso después de «negociar», aprueba estas deudas. De allí­ surge también el tema de que es imposible pensar en aumentar la carga tributaria, es decir el subir impuestos como el IVA o los aranceles aduaneros que indudablemente le darí­a más plata al Gobierno pero también más plata a los evasores de siempre, los llamados intocables en el amplio cí­rculo de sus amistades, como dicen las crónicas sociales, y los empleados corruptos, si no existen controles y sanciones contra estas dos lacras.

¿Hay alternativas? Sí­ las hay. Si la SAT realmente le pone el ojo al IVA y aduanas, en el primer caso, son las empresas, que son los agentes retenedores del impuesto y en el segundo, son los empleados los que mandan y ordenan, o si se pretende descabelladamente, crear impuestos, que lo paguen empresas como las de telefoní­a que ganan cientos de millones pero sin que éste se traslade al consumidor, con una fiscalización adecuada o aumentando las regalí­as del Estado para las nocivas explotaciones mineras y de petróleo. Y si se ponen brincones hay que intervenirlas por tratarse de servicios públicos, o bien, concesionarias del Estado para explotar nuestro suelo y subsuelo. El problema es que eso sólo puede hacerlo un gobierno fuerte y éste no lo es.

Así­ que, como último recurso, que los patojitos panzones de lombrices y los recién nacidos empiecen a juntar los Q6,314.17 que deben.

LA NOTA POSITIVA. Los patojos y patojas que fueron a Mayagí¼ez, en Puerto Rico, los patojos beisbolistas que asistieron al Mundial Juvenil y la guapa Miss Guatemala son notas positivas en todo este entorno tan negativo. A todos mis felicitaciones y también a mi nieto Juan Luis Ortiz Luna, de solo 13 años que ganó un concurso de dibujo sobre la muerte y salvación del lago de Atitlán y que ha sido elogiado por grandes artistas nacionales. El cuadro que pintó figura, al lado de los de estos renombrados artistas, en el almanaque que se vende para recaudar fondos para el lago. ¡Es impresionante! ¡Bravo Juan Luis!