Hasta de la basura, Dios hace crecer una flor


No es que me interesen mucho los concursos de belleza. Creo que nunca he visto por voluntad propia el concurso de Miss Universo, Miss Mundo o cualquier otro. Mucho menos el evento de Miss Guatemala, que cada vez se parece más a un festival escolar, por el poco profesionalismo de los presentadores, participantes y hasta los cantantes. Sin embargo, veo con optimismo que la representante guatemalteca haya tenido una buena participación.

Mario Cordero ívila
mcordero@lahora.com.gt

Supongo que ya todos los saben: Jessica Scheel, representante de Guatemala ante el concurso de Miss Universo, avanzó hasta la ronda que la ubica entre las mejores diez calificaciones en el certamen.

Estos eventos de belleza han tenido, desde siempre, múltiples crí­ticas, sobre todo porque convierten en un objeto a la mujer, quien necesita poseer ciertas caracterí­sticas fí­sicas (alta, delgada pero voluptuosa, bella, simpática, capacidad para sonreí­r eternamente, elegante, buen gusto para vestir, sin defectos fí­sicos, ni siquiera un lunar mal puesto y, por si fuera poco, ser inteligente, o, al menos, no dar respuestas tontas).

Esto es lo que se valora en estos concursos, codificando la caracterí­stica de mujer bella en éstas que ya mencioné, sin valorar otro tipo de bellezas. Especialmente, cabe destacar que en paí­ses donde los niveles de violencia contra la mujer (Guatemala, Rusia, México, Latinoamérica en general), son de los que más empeño le ponen a estos eventos, y como muestra de ello es que México ha destacado en los últimos años, incluyendo la ganadora actual.

No es que me interese mucho, como dije, este evento. Sin embargo, me parece muy sintomático que buena parte de la población se haya alegrado por el buen papel de Jessica Scheel logrado en el concurso de este año.

Supongo que los guatemaltecos ya estamos ahogados por tanta podredumbre -económica y de valores- en la que vivimos diariamente. Cada dí­a, al abrir los periódicos, leemos noticias de corrupción en todos los niveles, violencia extrema, extorsiones, pesimismo económico, y un largo etcétera que nos pinta un panorama sombrí­o para el paí­s.

Ni siquiera, aquello que antes nos daba alguna alegrí­a, como el futbol, nos da motivos para el optimismo hoy dí­a, porque la corrupción y la decadencia social se extienden a todos los niveles.

Los guatemaltecos estamos sumidos en un estado de depresión moral a nivel nacional, de tal forma que hemos perdido la confianza en nosotros. Por ello, creo que cada vez que se logra un buen papel, se nos aviva nuestro espí­ritu y pensamos que, a pesar del basurero en que nos han convertido a nuestro amado paí­s, aún se puede.

Y no es necesario de que haya un triunfo rotundo para sentirnos orgullosos, porque el mismo caso de Scheel nos hace soñar, a pesar de que no ganó. De la misma forma, entre otras buenas noticias, fue el tercer lugar del equipo infantil de béisbol en el torneo internacional, que no fue ganar el campeonato, pero fue un buen papel. O como el siempre recordado empate de la selección de Guatemala contra la de Brasil, que no fue ganar, pero fue el de hacer un buen partido. Y no digamos las recientes medallas alcanzadas en los Juegos Centroamericanos, etc.

Para combatir la impunidad se hace necesario dos componentes: el primero, y el más importante, es el de castigar al que delinque; pero el segundo, el que más nos olvidamos, es el de premiar al que hace un buen trabajo y hacerlo público.

El caso de Scheel, a pesar de no ganar, se le reconoce que hizo un buen papel, y la satisfacción social que se ha levantado por su participación, refleja que los guatemaltecos están ansiosos de valorar el buen trabajo, que nos demuestre que en el paí­s se puede hacer cosas buenas y bien hechas, y alejarnos de la mediocridad y la perversidad que nos tienen acostumbradas nuestras figuras mediáticas. Bien dice la Biblia que hasta de la basura, Dios hace crecer una flor.