«Que vivan los estudiantes que rugen como los vientos cuando les meten al oído sotanas o regimientos», Violeta Parra.
Hoy, la Universidad de San Carlos de Guatemala cumple trece días consecutivos de estar tomada por el conglomerado de jóvenes: Estudiantes por la Autonomía (EPA), quienes no han dado un paso atrás en sus legítimas exigencias.
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En estas nuevas líneas de la historia sancarlista, que en este momento siguen escribiéndose, saltan a la vista las posturas y actitudes de las máximas autoridades de nuestra casa de estudios superiores, las cuales se resumen en una total indiferencia a las demandas de los estudiantes; siendo a ellos a quien se debe la Universidad y siendo ellos, su razón de ser.
Así, Estuardo Gálvez, rector de la Usac, en un lamentable protagonismo en los medios de comunicación se limitó a indicar que los motivos que llevaron a EPA a tomar el campus central, tenían que ver únicamente con las elecciones para representantes de la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU). ¿Acaso sufre demencia?
Intencionalmente escuálida (y de eso no queda ninguna duda) ha sido la postura tanto del Rector como del Consejo Superior Universitario (CSU), para atender las exigencias del estudiantado; pues ambas partes se han pronunciado sólo en la forma y no en el fondo del problema.
Por ejemplo: el Acta 24-2010 del 18 de agosto último aprobada por el CSU no hizo sino fundamentar su radical postura de inaccesibilidad al diálogo con los estudiantes y al contrario de proponer una salida democrática, convocó a una marcha contra EPA, la cual sólo tensó la crisis.
Tanto Gálvez, como el CSU han demostrado a lo largo de este conflicto sus claras orientaciones hacia la privatización de la única Universidad pública, y claro no es una sorpresa que a esas oscuras intenciones se unieran los integrantes, y secuestradores por antonomasia, de la AEU.
Así que Gálvez, su CSU y la AEU, constituyen hoy por hoy el símbolo de la penetración de las fuerzas neoliberales en la educación pública y superior, la cual sigue siendo defendida por un grupo de estudiantes que tienen la idea clara del peligro que eso implica.
Los maquiavélicos neoliberales y ultraderechistas se ríen desde sus pomposas poltronas al ver cómo la que debiera ser una sola fuerza estudiantil, se divide y se enfrenta por intereses que esos mismos poderes que tienen cooptada la Usac han convertido en antagónicos: la AEU ha sido la protagonista principal de una serie de actos de corrupción que han lesionado las bases de la Universidad pública, además han evidenciado vínculos con partidos políticos de derecha y se han constituido en un consorcio de empresarios que se enriquecen con el arrendamiento de una buena parte del campus central.
Lo anterior junto a otros delicados problemas (como el conflicto de los miembros del Sindicato de Trabajadores de la Usac, respecto al Plan de Prestaciones) son factores que confirman la crisis que la tricentenaria enfrenta, pero también legitiman las demandas de los estudiantes que defienden su autonomía.
Decenas de miles de estudiantes han protagonizado durante centurias las historias de Guatemala y de la San Carlos, y es a las y los defensores de uno de los más grandes logros de la Revolución de Octubre de 1944 (la Autonomía Universitaria), a quienes sus autoridades se deben.