Prosigue Margarita Carrera: «Veredas que conducen una y otra vez a cuanto es eterno, y verdadero. Como Sócrates-Platón, sabe que la verdad es inseparable de la belleza y del amor. Se transforma en la Diótima guatemalteca, capaz de desentrañar los misterios de este «daimon». Pero también se inspira en la Biblia al darse cuenta de que «en el Principio fue el Verbo» y, a partir del Verbo, todo fue creado. El mundo para esta poeta cobra sentido en todo cuanto encierra. Nada fue creado en vano. El espíritu se fusiona con el cuerpo y todo es Uno. Sin embargo, también la conmueve la injusticia. Por algo la segunda estancia de su poemario se titula «Extrema injusticia» y su primer poema es dedicado a monseñor Juan Gerardi, «mártir de la paz»: «Ahí viene la muerte/ esa muerte perversa/ que nadie ha llamado/ que se entregó/ ingrata/ ciega/ y atada/ a seres indignos/ torvos cancerberos/ crueles servidores/ del insensato Luzbel…» Especialmente bello es el poema «Viento»: «Quisiera ser el viento/ y sentir el paso de las aves en mi alma./ Quisiera ser el viento/ y abrazar las ramas de los árboles/ rozar mis dedos en sus hojas/ y ser de sus raíces poesía./ Quisiera ser el viento/ y acariciar mi cuerpo/ con las extrañas orquídeas del bosque/ con los suaves pétalos de bermejas rosas…» Como la mayoría de los creadores, Grecia ama a los gatos. Ella le canta a su gato siamés «Dominó»: «Felino enano/ pequeño/ tigre frustrado/ pantera mutante/ puma reencarnado…/ Gorbé príncipe/ amigo de mis sueños/ devoto de mis sentimientos…» El numeral II de «Tres poemas» rescata a este felino y lo observa y contempla, en callado deleite: «A través de la ventana»: «El gato a través de la ventana/ ve quebrarse el viento en la mañana/ ve picar al colibrí la rama…/ ¿Qué observa el gato en la ventana?/ su turnia mirada ve más allá/ de las nubes, del espacio/ del adormecido follaje/ con aroma a retama./ El gato a través de la ventana/ ve escapar el día/ ve el movimiento del sol/ ve un cuerpo celeste en la umbría./ ¿Qué observa el gato en la ventana?/ ve cómo el mundo clama/ ve a la naturaleza cercana/ y escucha el sonar de una campana.» Grecia también hace de la técnica y la electrónica, poesía, como lo podemos apreciar en su poema «Lámpara termoiónica», dedicado al inventor de estos tubos al vacío, Lee Deforest: «Ampolleta de cristal/ cuarzo fundido/ vacío absoluto/ filamento-cátodo/ -rojo vivo-/ electrones libres/ nube electrónica/ rejilla, placa…/ energía conducida/ mágicas señales/ en violáceos tonos…» Y en el titulado «Poesía en titanio», inspirado en el avión de pasajeros supersónico «Concorde»: «Escultura de titanio/ perfecta obra del ingenio humano/ belleza, poder y grandeza/ máquina brillante, fantástica ave/ del tiempo va delante/ seductora armonía/ fusión de técnica y arte…» Este segundo poemario de Grecia: «Esfera sin tiempo», que es uno y extenso, pues tiene hasta siete estancias, podría hacer pensar que, en verdad, son siete poemarios. Pero no. Es una misma voz la que canta, un mismo sentir que lo mueve, un mismo ir y venir por los quehaceres filosóficos que lo hila; una misma intensidad que la acompaña, un mismo ardor que la inspira, en fin, una misma ansia de acoger dentro de sí todo cuanto existe. Alejada de la antipoesía, a Grecia tampoco le preocupa el feminismo. Cree que tanto hombre como mujer tienen derecho a la palabra, tienen derecho a expresar sus sentimientos, emociones, pensamientos. Pero hay algo que ella quisiera olvidar: la injusticia «lacrada/ en laberintos carcomidos/ de seres sin razón». Trata de entender la maldad, pero su esfuerzo es vano porque está hecha para la bondad y la justicia, como para lo bello y verdadero. Es así como nos entrega lo mejor de sí misma; lo más sagrado, oculto y sublime que la habita.» En Fundación G&T Continental se encuentra disponible «Esfera sin tiempo».