Yo ya perdí la cuenta de las veces en que he visto a alguien ofreciendo entusiasta sus declaraciones y luego se retracta acusando al periodista de haber interpretado erróneamente sus palabras, aun cuando existan grabaciones que reflejen la fidelidad de lo dicho. Y es que cuando tienen el micrófono o la grabadora enfrente dan rienda suelta a las palabras dichas, generalmente, sin pensar en las consecuencias. Cuando las mismas se divulgan y les llaman la atención, o se dan cuenta de las olas que formaron, se excusan culpando al periodista.
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El Embajador de Honduras en Guatemala, señor Jorge Gabrie, dio declaraciones nada diplomáticas a reporteros del diario hondureño El Heraldo, en las que se pegó una sentada de todos los diablos en Alejandro Giammattei, a quien acusó de haberse burlado de la Embajada y de manipular la situación en busca de la protección que demandaba del hermano país. La sarta de expresiones de Gabrie contra Giammattei, reproducidas ayer en la edición de La Hora, fue contundente y lapidaria. Tanto que, sin duda, el embajador fue llamado por su Cancillería luego de leer la sarta de babosadas que había dicho, y como siempre pasa, no encontró mejor explicación que la de culpar a los periodistas de haberlo mal interpretado.
Y dijo que aun y cuando había una grabación de la entrevista, se tomaron sus frases en otro sentido del que él les quiso dar. El diario dio acceso a la grabación y la verdad es que no hay en la nota ningún agregado que sea interpretación de las palabras del embajador, sino que simple y sencillamente se transcribieron las burradas que dijo. Lo que ocurre es que en nuestros países buena parte del servicio exterior se conforma por compadrazgos o pago de favores a quienes dieron dinero en la campaña o hicieron algún trabajo político. El señor Gabrie fue nombrado Embajador en Guatemala sin tener ninguna experiencia diplomática, según dicen los blogueros en Honduras, y es uno de los tantísimos casos de personas elevadas a la responsabilidad de dirigir las relaciones bilaterales con países amigos simplemente para pagar algún favor. Al final de cuentas es una falta de respeto a esos países amigos la que se hace enviando tarugos que no entienden absolutamente nada de la función diplomática, muchos de los cuales se dedican a hacer negocios utilizando las franquicias de importación que benefician a los representantes extranjeros de conformidad con los tratados internacionales.
Obviamente la decisión de negarle protección a Alejandro Giammattei no fue del señor Gabrie porque se ve que no tiene ni idea de lo que en el Derecho Internacional se norma respecto al asilo y el refugio. Fue su Cancillería la que estudió el caso y determinó que no procedía el pedido de quien fuera director del Sistema Penitenciario en Guatemala y contra quien se emitió una orden de captura solicitada por la fiscalía especial de la CICIG. Pero cuando sus compatriotas reporteros llegaron a la misión diplomática, el embajador se sintió a sus anchas y empezó a decir lo que pensaba, sin medir consecuencias de la torpeza.
El tema sirve, realmente, para que todos nuestros gobiernos tomen en cuenta la necesidad de tener personal competente en el servicio exterior, sobre todo porque evidentemente se le falta respeto a un país cuando se manda a cualquier ignorante a encabezar una embajada simplemente para pagarle algún favor. De esos hemos conocido a muchos y la verdad es que es gente que provoca vergí¼enza ajena porque no tienen la menor idea de lo que se espera de ellos.