Guatemala se está ganando cada día más el karma negativo de ser un país ideal para realizar actividades fuera del orden; esa es la herencia que dejaron las pésimas administraciones que gobernaron el país dedicándose al latrocinio en beneficio propio y de sus familiares.
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El Estado de Guatemala en su organización fue permeado por mercaderes y bandidos de cuello blanco quienes con el contubernio de los gobernantes de turno amasaron fortunas increíbles que ahora los colocan como personajes de la «flor y nata» de la sociedad guatemalteca no importando el origen de sus millonarias cuentas en el extranjero.
Dentro de esas circunstancias, los funcionarios y empleados públicos adquirieron hábitos y costumbres ilegales que les permitieran obtener «ingresos extras» haciendo o dejando de hacer, lo que las responsabilidades de sus puestos les exigían como requisito sine qua non; la honradez como virtud fue alejada del código ético del trabajo y la misión, visión y objetivo del trabajo en instituciones estatales fue: el latrocinio, el hacerse «los locos» ante las circunstancias que eran susceptibles de denuncia o castigo penal.
Las policías privadas por lo general contratan personal que no llena los requisitos axiológicos para defender, cuidar o velar por la seguridad de los bienes y de las personas que tienen a su cargo. También ellos sufren de la explotación económica de sus patronos y caen de manera muy fácil ante las tentaciones del soborno u otras formas de permitir conductas ilegales.
Tal el caso del personal médico, paramédico y de «seguridad o vigilancia» que está involucrado en el robo de un infante recién nacido y prácticamente arrebatado a su madre en la misma cama del hospital de donde se aprestaba a salir. Para ello, fue necesario el concurso de varias personas, porque de hecho tal como se dice que sucedió fue realizado sin contratiempo alguno. Después del trueno: ¡JESUS MARíA!, ahora ¿para qué? Si ya se llevaron al muchachito.
Es necesario que las autoridades del Ministerio Público, – quien cuenta con magníficos investigadores nacionales – realice una exhaustiva investigación y capture a las personas responsables de tan execrable acto, y de paso inicie también investigaciones de algunos sanatorios médicos privados donde también se cometen actos deleznables de esta naturaleza con el contubernio de su personal médico. De lo contrario, que no sorprendan las actitudes de la masa cuando linchan con o sin razón.
El sufrimiento de los papás y mamás de las criaturas robadas debe ser inmenso, en contraste con las ganancias que estos actos generan a quienes perpetran los mismos sin miramiento alguno, por lo que estos ladrones de niños (incluyendo médicos, enfermeras, auxiliares de enfermería, conserjes, policías cómplices entre otros) deben ser buscados y castigados de manera ejemplar con la aplicación de condenas severas y confinamiento de por vida.