Algunos, pocos o muchos diputados como que no se han percatado de que la imagen del Congreso anda volando bajo y que ciertos legisladores están más desacreditados que la vieja maña de pedir fiado, pero siguen esmerándose en que en el mismo pleno del recatado y augusto recinto parlamentario se saquen a orear sus trapitos shucos y malolientes.
El editorial de La Hora del sábado 14 comentaba que uno de los respetables padres de la patria no se anduvo por las ramas -porque no se parece para nada al peludo Tarzán- al lanzar hirientes reclamos a uno de sus de sus compañeros de bancada, a quien se le observa a menudo en las instalaciones aduaneras del Aeropuerto Internacional La Aurora con todo y mercancía, al gritarle que pretende realizar negocios de manera cínica y descarada, al amparo de una iniciativa de ley.
Como el fin de semana tuve tiempo suficiente para incursionar en el blog de este diario, leí las acotaciones que enviaron decenas de lectores para referirse a este asunto nauseabundo, echándole penca a todos los diputados, sin detenerse a pensar que en este espinudo caso, un legislador es el más interesado en que se apruebe el proyecto de la ley de ahorro energético. Los lectores subrayaban que deseaban conocer los nombres de los dos diputados que se enfrascaron en elocuente, académico y locatario alegato.
Antes de empaparme del asunto, me puse a meditar acerca de quién sería el trasnochado que pudiera oponerse a una iniciativa legislativa de esa naturaleza, tomando en consideración los efectos del cambio climático, que para ciertos columnistas y filósofos neoliberales que ya están sacando el cobre en La Hora, no es más que una mascarada, posiblemente porque ignoran las crecidas de caudalosos ríos, derrumbes de montañas, escasez en la cosecha de cereales, derretimiento de glaciares y otros graves fenómenos más del calentamiento global, que afecta a Guatemala
  El caso es que el aguerrido parlamentario Mario Taracena, en su calidad de presidente de la Comisión de Finanzas del Honorable, pero siempre llevando consigo en unos de sus bolsillos de su pantalón de casimir inglés su credencial de la gloriosa UNE, con las manos en jarras, la frente sudorosa y el galío a todo volumen dijo al pleno que uno de sus correligionario uneístas «Quiere asegurar su futuro; eso es descarado; busca hacerse rico», y todo porque el legislador aborigen Christian Boussinot es el ponente de la citada iniciativa de ley. ¿Qué hay de malo en tal propuesta? Me preguntaba yo.
Sin embargo, resulta que el paisano del columnista Sam Colop, doctor en Derecho y de la raza q»iche», y también pariente en centésimo grado del ubicuo Tasso Hadooyoudo, es el interesado en la nueva ley que persigue que sólo se importen focos ahorradores, pero da la purisísima casualidad que, según versión del diputado Taracena, don Christian es propietario de la única empresa en Guatemala que importa esa clase de bombillas. ¡Qué mala onda, colocho!
   (El constituyente Romualdo Tishudo asegura que el legislador Taracena desconfía del congresista Boussinot porque los dos son diputados y de la UNE).