Dirán los nostálgicos que desde que Tiger Woods perdió el timón del golf los grandes torneos ya no son lo mismo, pues como está sucediendo en el Campeonato de la PGA un anónimo como Nick Watney lidera con trazo firme (13 abajo) este último «Grande» de la temporada.
La apertura facilitada por Tiger desde su confesa infidelidad y sus averías en el «swing», más la irregularidad de Phil Mickelson, primer y segundo jugadores del mundo, han puesto al descubierto una realidad. La igualdad es tan acusada entre el resto de la elite que más de medio centenar de golfistas se disputan los títulos separados por mínimas diferencias.
Watney, de 29 años y dos títulos del PGA Tour, dio un acelerón bestial a sus opciones de ganar en el Whistling Straits Course. Embocó ocho «birdies» y cometió dos «bogeys» (el último en el hoyo 18), para firmar 66 golpes y sumar 13 bajo par.
Es paradójico que Watney, en los dos únicos US PGA que había jugado previamente, en 2008 y 2009, no atravesara el corte en ninguno de ellos. Pero este deporte es así de distinto al resto.
El líder aventaja en tres golpes al dúo que comparte la segunda plaza, formado por el joven norirlandés de 21 años Rory McIlroy y el estadounidense Dustin Johnson, ambos con 67 golpes (-5).
La tercera jornada ofreció más perlas inesperadas: el chino Wen-Chong Liang batió el récord del Whistling Straits con una tarjeta de 64 golpes (-8). Liang, de 32 años, mejoró en un golpe el anterior mejor registro que poseían al alimón el norirlandés Darren Clarke y el español Miguel Angel Jiménez, en el Campeonato de la PGA de 2004.
Fernández-Castaño, único español en liza
Nunca un chino ha conquistado un «major». Y Liang ascendió así, de sopetón, hasta la cuarta plaza, a cuatro golpes del líder, y comparte puesto con otros golfistas interesantes como el alemán Martin Kaymer o el estadounidense Jason Day.
Para ver a ganadores de torneos de «Grand Slam» hay que descender hasta la séptima plaza. Los norteamericanos Jim Furyk (Open estadounidense de 2003) y Zach Johnson (Masters de 2007) porfían desde esa plaza y a cinco golpes por su segundo «Grande».
Gonzalo Fernández-Castaño, el único español tras las eliminaciones de Sergio García, Jiménez y ílvaro Quirós, hizo 73 golpes y cayó al puesto número 53.
Martin Kaymer se abrazó con su caddie incrédulo.
El alemán de 25 años acababa de ganar su primer major tras coronarse en el PGA Championship.
Kaymer ya había tenido dos top ten en majors esta temporada, pero no muchos lo consideraban candidato antes de este torneo por su perfil bajo que a veces lo hace pasar desapercibido.
Y en esta edición, aún ganando quizás no termine siendo el gran protagonista del campeonato.
Kaymer brilló en la última ronda, embocando putts con mucho temple en situaciones complicadas y mostrando una increíble consistencia dadas las complicadas condiciones.
«Para ser honestos con ustedes, estuve muy nervioso en los últimos tres, cuatro hoyos», declaró Kaymer.
Hizo falta un playoff de tres hoyos frente a Bubba Watson, quien casi emboca desde el bunker para extender la muerte súbita, pero incluso en esa instancia el alemán se mostró muy sereno y se convirtió en el segundo alemán en la historia en ganar un grande.
«Por suerte, en el playoff estuve tranquilo», admitió Kaymer. «Todavía no caigo con lo que logré, es apenas mi cuarto año en el circuito y con el tiempo lo podré asmiliar».
Para Watson, hubo premio consuelo.
«Aunque hubiese sido lindo ganar, lo que más me importaba era ingresar al equipo de la Ryder», dijo Watson tras finalizar segundo.
No obstante el protagonista de la jornada fue Dustin Johnson, quien necesitaba embocar un putt de siete pies para convertirse en el nuevo campeón del PGA Championship.
Unos minutos más tarde, le aplicaron una penalidad de dos golpes por apoyar el palo en un bunker en el hoyo 18, y no pudo participar de la muerte súbita en Whistling Straits.
«En ningún momento me di cuenta que estaba en un bunker», explicó Johnson. «Lo único peor que me podía pasar es si embocaba ese putt en el 18».
Es la consecuencia más bizarra en un major desde que el argentino Roberto de Vicenzo firmó una tarjeta que tenía un score equivocado en el Masters de 1968.
Con la penalidad, Johnson terminó igualado en la quinta posición y por segunda ocasión sufrió un desenlace de pocos amigos en la última ronda de un torneo grande.
«No puedo describir lo que siento», expresó Johnson. «Pero depende del comité de reglas y ellos son los que deciden».
Uno que ingresó al libro de los récords fue Jeff Overton.
Se convirtió en el jugador en terminar una ronda en menos tiempo en un major al concluir su recorrido en dos horas y 9 minutos.
Jugó por su cuenta tras el retiro de Ian Poulter por lesión.
Y para colmo, ha tenido un año tan buen, que casi con seguridad estará representando a los Estados Unidos en la Copa Ryder.
«Es mi primer récord en un major», dijo con picardía Overton.
Por su parte, Phil Mickelson no pudo ganar su segundo major del año ni obtener el primer puesto en el ránking otra vez. Y como si fuera poco, anunció esta semana que estaba padeciendo artritis.
«Me siento bien ahora la verdad», declaró Mickelson tras hacer 67 el domingo y terminar con seis golpes bajo el par. «No hay más síntomas y me siento bien».
Sin embargo, Tiger Woods, quien volvió a mostrar mucha inconsistencia con su driver, se mantendrá en la cima de las ránkings; lleva 271 semanas consecutivas.
«Si sigo jugando bien, algún día lo lograré», enfatizó Mickelson con una sonrisa. «Simplemente no fue esta semana».
A fin de cuentas, el zurdo nortemaericano hizo un análisis de final de temporada.
«Haber ganado un major lo hace un año especial», concluyó Mickelson.
Quien no pensará lo mismo lamentablemente será Dustin Johnson, quien aún en derrota será siempre recordado como el protagonista de este PGA Championship, y no por las razones indicadas.
Venía de superar un 80 en la ronda final del U.S. Open. Esta vez controló sus nervios, pero el reglamento le impidió estar en el playoff.
El talento ciertamente lo tiene. Ahora será cuestión de ver cómo se repone a otro obstáculo en el inicio de su joven carrera.