Se les prende el foco


Para que un diputado miembro de la misma bancada acuse a otro de estar haciendo negocios, tiene que tratarse de algo verdaderamente descarado. Eso está sucediendo con una iniciativa de ley para forzar a la importación únicamente de cierto tipo de focos, de los llamados ahorradores, lo que según el Presidente de la Comisión de Finanzas del Congreso es un burdo negocio de un colega suyo que quiere hacerse millonario con el trinquete.


En el Congreso cuesta un bigote que pase una ley de interés nacional, pero si de focos ahorradores para hacer dinero se trata, allí­ se les prende el foco aunque lo hagan de manera tan cí­nica y descarada que termina generando el rechazo de sus mismos compañeros de bancada. Y hasta una diputada que se ha distinguido por hablar de probidad firmó el dictamen, lo que demuestra que les pasan en las narices los trinquetes y ni cuenta se dan, en el mejor de los casos.

En otros paí­ses ha habido una polí­tica de Estado para sustituir los focos incandescentes por las bombillas ahorradoras y ha dado resultado. En Guatemala tuvimos una oferta de los cubanos para ayudar en esa materia, pero se engavetó sin que el ministerio de Energí­a, llamado a darle seguimiento, se ocupara del ofrecimiento. Pero desde entonces se les debe haber prendido el foco y según lo que explican fuentes allegadas, se apresuraron a establecer contactos con los proveedores para obtener representaciones. Con los contratos en mano, nada mejor que una ley que obligue por decreto a todos los guatemaltecos a comprar esas bombillas cuya distribución está monopolizada, al menos con las caracterí­sticas especificadas en la norma.

No cabe duda que la desfachatez de nuestros polí­ticos es tremenda. Ni siquiera tienen el elemental sentido del decoro para intentar taparle el ojo al macho. A las claras se tiran al agua en una forma tan descarada que hasta provoca el rubor de otros diputados que están acostumbrados a ver cualquier exceso.

La verdad es que los guatemaltecos no podemos conformarnos con la falacia de que todo pueblo tiene el gobierno que se merece. No podemos seguir impávidos frente a la actuación cí­nica y descarada de quienes usan el poder únicamente para su propio beneficio y para ir articulando sus negocios personales. Siempre hemos pensado que los polí­ticos tienen licencia de llegar hasta donde el pueblo los deje ir, y en este caso hemos recibido una voz de alerta de un miembro del Congreso que se escandaliza por el comportamiento descarado de su compañero de bancada y justo es que haya una reacción para mandar a la punta de un cuerno ya no sólo la iniciativa, sino que también a su ponente.