La Virgen de la Asunción y la Feria de Jocotenango


Velación de la Virgen de la Asunción en el actual pueblo de Jocotenango, muy cerca de La Antigua Guatemala. La talla de la Virgen es guatemalteca del siglo XIX, ya que la original se trasladó a la Nueva Guatemala de la Asunción en el siglo XVIII. En el telón conmemorativo la Virgen es alzada en hombros por íngeles a la presencia del Padre y del Hijo en cuerpo y alma. FOTO LA HORA: GUILLERMO VíSQUEZ GONZíLEZ

Por Celso A. Lara Figueroa

La Nueva Guatemala de la Asunción ha desarrollado una serie de tradiciones y fiestas enraizadas en la conciencia colectiva de los habitantes de la urbe: Las festividades de la Virgen de Concepción y los nacimientos con su infaltable Quema del Diablo en el mes de diciembre.


Réplica de la Virgen de la Asunción de la iglesia del mismo nombre burilada en la primera mitad del siglo XX. Esta imagen sale en rezado el 15 de agosto a recorrer las calles de los viejos barrios de Jocotenango, San Sebastián y El Sagrario, en tanto la original del siglo XVII permanece en el altar de un templo en la Ciudad de Guatemala. FOTO LA HORA: GUILLERMO VíSQUEZ GONZíLEZ

Una festividad particular de la ciudad ha sido, desde su asentamiento en 1776, La Feria de la Virgen de la Asunción en el Barrio de Jocotenango.

Después de la destrucción de Santiago de Guatemala en 1773 y las luchas intestinas por el traslado de la urbe a un nuevo asentamiento, Santiago de Guatemala desapareció totalmente, perdió sus privilegios y el rey don Carlos III fundó la nueva ciudad en el Valle de la Virgen el 2 de enero de 1776 con un nuevo nombre: Nueva Guatemala de la Asunción, en honor a la Virgen de la Asunción que los indí­genas de Chinautla, en este valle, tení­a como su patrona y que veneraban en la actual Parroquia Vieja desde su reducción en 1553 y que en aquellos remotos tiempos se llamaba iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, cuyo culto posteriormente se unificó con el traslado del antiguo pueblo de Jocotenango, adyacente a Santiago de Guatemala, el cual también tení­a como Santa Patrona a la Virgen de la Asunción.

Por orden del Cabildo eclesiástico, en 1790, se ordenó cerrar el culto de la Asunción en la Iglesia de los indios de Chinautla y se fundó entonces la Parroquia Vieja, más tarde Cruz del Milagro, y dejó como único culto de la Virgen de la Asunción a la imagen adscrita al pueblo de Jocotenango.

Cabe mencionar que en 1789 se refunda la Villa de La Antigua Guatemala por orden real y la ciudad de Santiago fue oficialmente abandonada, aunque no deshabitada. El centro de poder se trasladó entonces a la Nueva Guatemala de la Asunción.

La feria de Jocotenango cobra importancia a finales del siglo XVIII y tuvo su mayor auge en el siglo XIX. A partir de la dictadura de Jorge Ubico en 1931 empezó a decaer hasta convertirse hoy en una expresión de cultura de masas o anticultura en donde lo foráneo y lo comercial ha sustituido en su mayor parte a lo tradicional.

Sin embargo, la feria tiene una historia profunda. Veamos algunos datos al respecto: El traslado del pueblo Jocotenango de Santiago de Guatemala al nuevo asentamiento, quedó establecido al norte, en las inmediaciones de la Nueva Guatemala de la Asunción. De ahí­ en adelante, se convirtió en un pueblo de albañiles, pues sus moradores varones se dedicaron a construir la nueva ciudad.

El nuevo pueblo de Jocotenango era considerado por las autoridades como una «nueva reducción», según lo revelan documentos de 1779. De manera que el trato dado a los pobladores era el de «indios reducidos». También se menciona la existencia de «arena mineral», llamada mostacilla. Asimismo, se indica que en el pueblo existí­an dos ladrilleras que producí­an «ladrillo de mediana calidad». En uno de dichos expedientes se dice que los indios jocotecos se hallaban «enteramente dedicados a la reedificación de esa capital con cuyo destino fueron conducidos de aquel a este pueblo».

En los documentos mencionados se afirma que los indios de este lugar también prestaban servicios personales, por ejemplo, cargar a cuestas mercaderí­as. Respecto a las mujeres se dice que «abastecí­an el lugar de carne de cerdo, de manteca, de tortillas, frijol y otros comestibles como frutas que compran a otros cosecheros, pues no tienen tierras». Aquí­ mismo se refiere a la pobreza de los indios de la siguiente manera: «no hay indio alguno que tenga ni aun un pie solo de milpa, pero ni aun terreno propio donde poder plantarlo por carecer de ejidos.