La invitación a los jóvenes para hacer polí­tica


Conceptualmente es inobjetable la invitación que ayer hizo el presidente Colom a los jóvenes para que inunden en avalancha los partidos polí­ticos con la idea de depurar así­ el proceder de esas organizaciones tan desnaturalizadas en nuestro medio. Qué mejor que nutrir a los partidos de sangre joven, llena de ideales y ambiciones puras que tienen que ver con lo que le conviene al paí­s para su futuro.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Sin embargo, y no es que uno siempre quiera poner peros, hay que señalar que la cuestión no serí­a tan sencilla aun y cuando hubiera una respuesta abrumadora de los jóvenes para hacer polí­tica. En primer lugar, con el ejemplo y el comportamiento de los dirigentes actuales, es natural que se piense que los que se sentirí­an más atraí­dos para entrar a los partidos polí­ticos son los que tienen vocación de largos y se han dado cuenta que la polí­tica es el medio que más fácilmente permite el enriquecimiento personal. Mientras no exista un comportamiento ético de los dirigentes, la gente correcta seguirá mostrando la misma alergia que hasta ahora despierta esa actividad humana, porque las evidencias son contundentes en cuanto a lo difí­cil que es para alguien honesto abrirse campo en ese pantano.

Pero existen también obstáculos de otra í­ndole que el Presidente conoce, como secretario general que fue de su propio partido polí­tico. Por motivos de control partidario, en las organizaciones se mantiene un estricto manejo de los libros de afiliación, puesto que allí­ está la clave que asegura que las estructuras no harán más que lo que se proponen los dirigentes. Los partidos polí­ticos en Guatemala no son instituciones abiertas porque uno o dos dirigentes tienen los libros y hojas de afiliación y únicamente presentan al Registro de Ciudadanos las que les convienen e interesan. El dí­a en que llegaran miles de jóvenes a solicitar su afiliación a la UNE, por ejemplo, les darí­an hojas para que firmen, pero las verdaderas hojas las tiene la secretaria de organización, la señora Gloria Torres, quien sabe que su poder y el poder de la dirigencia está en la medida en que mantengan el control de la organización partidaria y que no existan filiales que principien a trabajar por la libre.

Si se produjera esa avalancha, los jóvenes entrarí­an firmando en hojas que no tienen valor legal, seguramente, y terminarí­an siguiendo la tradición para escalar. El activismo y, sobre todo, la lambisconerí­a son los caminos para irse abriendo espacio en las filas de los partidos polí­ticos, sin que una inyección masiva de nuevos afiliados pueda traducirse en fórmulas depuradoras porque la mera decisión seguirá siendo de los dueños de los grupos. En Guatemala no tenemos un auténtico régimen de partidos polí­ticos sino que entidades que se forman alrededor de un caudillo o caudillito y únicamente para encumbrar a éste como candidato. Para crear movimientos de masas, en donde la base partidaria cuente, tendrí­amos que modificar seriamente nuestra legislación sobre partidos polí­ticos porque ahora casi todos se contentan con el mí­nimo legal de organización partidaria para dejar en manos del comité ejecutivo nacional las decisiones sobre candidaturas importantes. Si cada municipio tuviera en verdad afiliados que cuentan, los candidatos a Alcalde no se negociarí­an en la capital sino entre las bases y los candidatos a diputados no comprarí­an sus curules pagando a la dirigencia nacional, sino que serí­an decididos en su comunidad. Para que eso pase, harí­a falta mucho más que un poco probable gesto masivo de entusiasmo juvenil. Hay que reformar la ley, lo cual nunca será posible porque en el Congreso votan los que se benefician del sistema actual.