Se volvió cosa común y corriente que en la capital para ir en automóvil de norte a sur, de oriente a poniente y viceversa, necesitamos más de una hora debido al entrampado tránsito, aunque las distancias a recorrer no sean cosa del otro mundo. No hay otra opción, el transporte colectivo sigue siendo insuficiente e inseguro, tampoco contamos con vías exclusivas para bicicletas, ni siquiera para motocicletas. Está visto y demostrado que para nuestros dirigentes políticos el tránsito es lo que menos les importa, pues les sobra el tiempo para perderlo sin salir perjudicados, pero ¿cuánto perdemos quienes usamos vehículos particulares para el mejor desempeño de nuestras funciones productivas?, ¿cuánto, económicamente hablando, representa para el país la pérdida de costos, gastos e impedir su desarrollo?
Muy distinto viviríamos si la municipalidad capitalina hace años hubiera tomado en serio la administración de la competencia de tránsito que le fue conferida y no sólo como instrumento para hacer llegar fondos a sus arcas. Pero de nada ha servido la queja popular constante por la ineptitud e incapacidad municipal. De ahí que prefiera plantearle al Gobierno central la urgente necesidad de entrarle de lleno a la solución del tránsito de vehículos en todo el país, y ya que mantiene bajo su jurisdicción la Dirección General de Tránsito, hoy en día inoperante e inefectiva, ¿por qué no crear el Consejo Nacional de Tránsito o entidad similar en donde las distintas entidades de servicio, profesionales y especializadas tuvieran representación para planificar, dirigir, coordinar e implementar al más alto nivel técnico, jurídico y práctico las medidas que fueran necesarias? No se puede seguir viviendo como hasta la fecha hemos estado. Basta ya de empirismos, caprichos y malas decisiones; por ejemplo, hoy se construye el urgente paso a desnivel en crítico crucero y mañana, metros adelante, con decisiones desacertadas, se crean otros obstáculos que vuelven a impedir el libre tránsito de toda clase de vehículos; constantemente se cierran vías de comunicación por empecinamiento, ausencia de criterio técnico o porque continúan privando intereses particulares sobre los de las mayorías, halando cada quien la pita por donde más le conviene. Ya es hora de pensar en la ciudad y en el país entero; el momento para que las fuerzas vivas del país pongamos de nuestra parte la creatividad necesaria para solucionar sus problemas, contribuyendo y aportando mejores ideas y criterios para encontrar soluciones para hoy, mañana y pasado mañana. Comprendamos que el desorden y la anarquía imperante causa enormes perjuicios, ¿al paso que vamos podrán imaginarse la situación del tránsito en la capital y el resto del país a cinco o diez años plazo?, ¿no todos los residentes en el centro, en las afueras e incluso en otros municipios estamos sufriendo enormes pérdidas de tiempo, dinero y esfuerzos?, ¿si hoy nos demoramos una hora en llegar, cuánto será a fin de año?