Una consulta popular, una convocatoria a una Constituyente, una elección general prácticamente cuestan lo mismo en dinero, tiempo y esfuerzo. Las elecciones generales obligatoriamente deben realizarse, la primera vuelta en septiembre y la segunda vuelta en octubre del año 2011, por consiguiente, por qué gastar 300, 400 o 500 millones de quetzales en cada uno de los eventos a nivel nacional separadamente, por qué no aceptar que si bien nuestra Constitución actual es buena, ya evidencia, según las diferentes propuestas, que merece ser reformada; por qué pretender hacerlo por pedazos, por parches cuando el ideal y lo más correcto es hacerlo a través de un poder constituyente.
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Claro que los sectores y élites más conservadores y pudientes no quieren una reforma realizada por constituyentes legítimamente electos, que contemple todos los aspectos que se han planteado y otros. Por el contrario, les encantarían que las modificaciones a la Constitución se hicieran de forma estrecha, específica, a su conveniencia y beneficio, lo cual no resuelve la problemática en general.
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Argumentar, como seguramente alguien lo hará, que la actual Constitución obliga a que ciertas reformas las realice el Congreso y otras un poder Constituyente, es pretender decir que los respetables constituyentes, que hicieron la actual Carta Magna, tenían el derecho divino de decidir por siempre cómo se podía modificar el orden constitucional, pretendiendo abrogarse el derecho de obligar a las nuevas generaciones que nacieron o arribaron a la mayoría de edad después de hecha, sancionada y promulgada, el 31 de mayo de 1985 y publicada en el Diario Oficial el 30 de junio del mismo año, la actual Constitución.
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De la misma forma que la sociedad evoluciona, que el pacto social o Constitución debe reflejar el sentir de la población nuestra Constitución evidentemente requiere ser cambiada y como no es posible hacerle caso sólo a un grupo o sector en su propuesta, democráticamente lo correcto y adecuado sería que simultáneamente a la elección general del año 2011 se eligiese un poder constituyente donde estuvieran representados todos los distritos electorales, más un 20% o 25% de constituyentes por Listado Nacional, y así la izquierda, el centro, la derecha, los de arriba, los de en medio y de abajo tengan la misma oportunidad de elegir, de votar por los constituyentes que consideren adecuados.
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Si se desea de alguna manera condicionar quién puede ser constituyente, puede tratar de establecerse cierta edad, título universitario o cantidad mínima de constituyentes por género, por etnia o por cualquier otro aspecto. Lo importante es no gastarnos Q500 millones en una elección general y no aprovechar para elegir también un poder constituyente que rehaga el pacto social para salir de este círculo vicioso en que el país cada día más se hunde.
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Claro está que hablar de una reforma constitucional, igual que una tormenta trae muchas mucho agua, piedras y demás. Un claro ejemplo es lo acontecido en Honduras, donde por pretender incluir una sola pregunta, de si se debía o no convocar a un poder constituyente, produjo un golpe de Estado, creó un cisma social y demostró que los ultraconservadores le tienen pánico al pueblo y a quienes desean la evolución democrática.