Venancio López vive desde hace dos meses en un albergue improvisado en un salón para actividades sociales de la Policía, junto a su esposa y uno de sus nietos, a la espera de una morada propia luego que la tormenta Agatha destruyó su casa a su paso por Guatemala a fines de mayo.

Pero esa no ha sido la única pérdida que sufrió este anciano de 68 años. En el término de 15 días también perdió a dos de sus hijos, que murieron víctimas de la delincuencia.
En el mismo salón, de 17 metros de ancho por 40 de largo, permanecen otras seis familias que lo perdieron todo por el paso de la tormenta.
Cerca de 5 mil personas permanecen en unos 60 albergues en todo el país, atendidos por la estatal Coordinadora para la Reducción de Desastres, con el apoyo de la Cruz Roja Guatemalteca y el Programa Mundial de Alimentos.
La tormenta tropical Agatha también dejó medio millón de damnificados en 214 municipios y pérdidas por unos 1 millardos de dólares, según datos de organismos internacionales.
Transido por la tristeza, Venancio relata que a pocos días de la tormenta que lo dejó sin casa, su hijo Esvin Elí, de 27 años, fue víctima de un brutal ataque de pandilleros el pasado 10 de junio.
í‰l salió ese día a trabajar y ya no regresó. Su cabeza apareció en las cercanías del Congreso y el cuerpo «no sé dónde», dice Venancio, quien no fue sino hasta el jueves pasado que pudo sepultar a su hijo porque las autoridades necesitaban el cadáver para profundizar las investigaciones.
Pero cinco días después, el 15 de junio, la tragedia volvió a tocar a su puerta. Otro de sus hijos, que era chofer de un vehículo de servicio urbano, fue muerto a tiros en un asalto también protagonizado por pandilleros.
La violencia delincuencial deja en este país centroamericano, de unos 14 millones de habitantes, un promedio de 19 muertos al día, uno de los índices más altos de América Latina.
Cerca de la familia de Venancio, en otra esquina del salón policial, Yomara López, de 23 años, trata de atender lo mejor posible a su pequeño de un año y nueve meses de nacido, Bryan Alexander, mientras que su esposo, Alex Rodas, va a su trabajo en una fábrica de concreto.
«Estábamos durmiendo cuando unos vecinos llegaron a decirnos que saliéramos de la casa y nos llevaron a un lugar seguro. Después nos dijeron que ya no teníamos casa», afirma Yomara con la tristeza reflejada en su rostro.
Lo peor de todo, cuenta esta joven mujer, es que la pequeña casa la habían adquirido recientemente, gracias al préstamo que obtuvieron de un banco y por el cual están pagando unos 67 dólares al mes, casi un tercio del salario de Alex, que es de 225 dólares mensuales.
«Nadie nos ha dicho nada. í‰l (Alex) fue a ver un terreno adonde nos quieren trasladar, pero está muy lejos. Ya firmó, pero ahora está viendo si nos pueden llevar a un lugar más cercano», detalla la mujer.
Luego de la tormenta, las intensas lluvias que afectan al país debido al fenómeno de La Niña, han causado la muerte de otras cinco personas y han sumado otros 35 mil a la lista de damnificados y afectados por el clima.