«Municipio del Criollo»: Sueño de Noche de Verano de Arzú


La mayorí­a de los profesionales guatemaltecos conocemos la extraordinaria obra histórica de Severo Martí­nez, «La Patria del Criollo», que debiese ser lectura obligatoria para todo ciudadano. En esta obra se describe con precisión la mentalidad de los criollos, los hijos e hijas de españoles nacidos en Guatemala, que resentí­an la discriminación que sufrí­an frente a los peninsulares, nacidos en España, a la vez que despreciaban a sus hijos de madres indí­genas, los ladinos, y establecí­an la permanente discriminación hacia la población indí­gena del paí­s. La mentalidad criolla creó un verdadero apartheid de hecho, los pueblos de indios, y pretendió que este paí­s, despojado a sangre y fuego de sus habitantes originales, les sirviera de fuente eterna de poder y riqueza.

Ing. Raúl Molina Mejía
rmolina20@hotmail.com

Los criollos valoraban en extremo a los «conquistadores», de quienes se decí­an descender, particularmente a Pedro de Alvarado y sus capitanes. Es justamente la imagen de Alvarado, que se yergue, con preeminencia, en un salón de la municipalidad capitalina, la que lleva a asociar a Arzú con dicha efigie. Sin embargo, son sus acciones, más que la imagen, las que lo tipifican como uno de los criollos, que se consideran los dueños de Guatemala. Sus acciones polí­ticas siempre han correspondido al concepto de «manejo de la finca», es decir, se han caracterizado por el autoritarismo en las decisiones y la administración, no de una nación, sino de «una propiedad». Así­ firmó los Acuerdos de Paz y así­ los malbarató, al permitir que los intereses de los sectores neoliberales cercanos a su persona prevalecieran por encima de los intereses de la población, en general, y se dejaran de cumplir compromisos fundamentales establecidos en dichos Acuerdos.

De igual manera respondió con otras decisiones importantes. Cuando en 1998 el huracán Mitch azotó Centroamérica, tanto Honduras como Nicaragua solicitaron al Gobierno de Estados Unidos la concesión del estatus de protección temporal (TPS) para sus ciudadanos en situación irregular en ese paí­s y lo obtuvieron. Arzú se dio el lujo de asegurar que Guatemala se recuperarí­a por sí­ misma y se negó a solicitar el TPS para los guatemaltecos. No consultó esta decisión ni con la sociedad civil ni mucho menos con los migrantes; sencillamente no querí­a deber nada a Clinton.

Al salir de la Presidencia, castigado su partido con el voto de 1999, se hizo la ilusión de que el último reducto de los criollos serí­a la municipalidad capitalina. Como verdadero sueño de noche de verano, se imaginó seguir con su «tacita de plata» en las zonas adineradas, mientras los grandes problemas de la ciudad más grande de Centroamérica -basura, agua, aguas servidas, transporte, aeropuerto enmedio de la ciudad, abundantes problemas sociales- siguen recibiendo «curitas» y no la necesaria cirugí­a. En este pequeño mundo que ha querido hacer «suyo», la capital, sigue tomando «sus» decisiones, sin importar lo que otras personas piensen. Solamente en la mente de un criollo cabí­a pensar que, sin dar cuentas a nadie, podí­a pretender legitimar el golpe de Estado en Honduras y nombrar una obra pública con el nombre de un derrocado dictador. Confí­o en que en 2011 los capitalinos haremos despertar a este alcalde de su ya muy prolongado sueño.