El tema recurrente de conversación en estos días es el agobio que a toda hora del día y en cualquier sitio del área metropolitana significa el atasco vial que se ha vuelto descomunal como consecuencia de varios factores entre los que destaca no sólo el aumento de la cantidad de vehículos, sino que también la ejecución de varias obras de infraestructura de manera simultánea. Y si a ello se agrega la falta de talento de aquellos agentes de la PMT que en vez de agilizar el tránsito lo embrollan más, nos damos cuenta que la ciudad se ha vuelto una selva en la que es muy difícil desplazarse y donde aumentan las tensiones como resultado de los embotellamientos.
El guatemalteco vive, desde hace mucho tiempo, con poca paz mental por diversas razones que van desde la violencia que nos afecta hasta la falta de horizonte y perspectiva de futuro. Pero si a ello agregamos un problema diario, cotidiano que nos afecta cada vez que salimos a la calle, veremos que estamos conformando una sociedad en la que la gente está a punto de estallar y a lo mejor lo termina haciendo por los factores menos importantes. Gente que nunca protestó ni siquiera cuando le redujeron el salario mínimo, a lo mejor estalla por situaciones que parecieran inexplicables pero que tienen su raíz en ese sentimiento de frustración que se va acumulando día a día.
El hábito del guatemalteco ha tenido que cambiar en los últimos tiempos y sus horarios se han vuelto problemáticos. Dichosos, en verdad, los padres que tienen tiempo para compartir con sus hijos después de largas jornadas para ir al trabajo y para volver a sus casas. Dichosos los niños que no tienen que pasar horas enteras en los buses del transporte colectivo o escolar para ir a sus centros de enseñanza y, lo más trágico de todo, sin esperanza de que se trate de un problema temporal que será resuelto siquiera en el mediano plazo, puesto que está visto que no hay solución para la crisis.
Antes uno sabía que en horas pico había problema y se podían adoptar medidas para evitarlas. Ahora el riesgo de atascos viales está latente a toda hora, en todo lugar y si ya éramos un pueblo impuntual, incapaz de cumplir con horarios rígidos, mucho más ahora que los embotellamientos viales dejaron de ser una contingencia para convertirse en una constante.
Compartimos la idea de que es necesario estimular el uso del transporte colectivo y de alguna manera privilegiar a sus usuarios frente a los que usamos auto particular. Pero ello requiere de alternativas, de oferta de servicio eficiente para que haya un estímulo que aliente el uso de los medios colectivos y falta mucho para que una persona pueda desplazarse por toda la ciudad en bus o en Transmetro con ventaja sobre el que usa su auto particular. De momento lo único que podemos ganar es si los agentes de la PMT usan además del gorgorito su cerebro para no embrollar más las cosas.