Tiempo perdido



Desde hace muchos años, la necesidad de conformar un Distrito Metropolitano que coordine polí­ticas de desarrollo urbano ha sido evidente y es una lástima que se haya desperdiciado la coyuntura del extraordinario ví­nculo que existió, al menos en dos de los últimos perí­odos presidenciales, en los que desempeñaron la primera magistratura de la Nación quienes habí­an sido alcaldes de la ciudad de Guatemala, lo que les daba una perspectiva especial para propiciar, desde la Presidencia, la creación de ese ente que sin atentar ni mermar la autonomí­a del Municipio, hubiera sido una respuesta a problemas que son parte del excesivo crecimiento de toda la región que conforma el área metropolitana.

En ambos perí­odos, cuando Arzú fue Presidente y Berger Alcalde y ahora que Berger es el Presidente y Arzú es el Alcalde, se debió implementar una polí­tica de coordinación de tal calibre y magnitud que permitiera pensar en soluciones de largo plazo para los más serios problemas de la aglomeración de personas en la región metropolitana. Los dos funcionarios tuvieron experiencia para darse cuenta que sin esa coordinación es imposible para el Municipio garantizar continuidad en servicios públicos básicos como agua potable, saneamiento ambiental que implica tratar las aguas servidas y el transporte masivo de personas, para no citar sino los más evidentes aunque hay que decir que todos ellos están í­ntimamente ligados con la ausencia de verdaderos planes de desarrollo urbano, planes reguladores y esquemas directores.

Hoy la ciudad está agobiada por el crecimiento del parque vehicular y no existe capacidad de ampliar las ví­as para dar fluidez al excesivo tránsito derivado de la ausencia de sistemas eficientes de transporte colectivo. El transporte ha sido una actividad privada en la ciudad de Guatemala y contra lo que siempre se dice, de que lo privado es mejor que lo público, ese caso demuestra la falacia por generalización. En casi todos los lugares del mundo donde hay sistemas eficientes de transporte, los mismos son estatales o municipales porque por la naturaleza de la actividad, que tiene que atender por igual rutas lucrativas que rutas menos rentables, no puede funcionar de acuerdo a los patrones de mercado que harí­an que sólo existiera oferta en los lugares donde las empresas tendrí­an mayores ganancias, abandonando otros sectores con menor demanda pero que no por ello pueden quedar al margen de un sistema integral.

El dogmatismo antiestatal que nos han impuesto ha servido, entre otras cosas, para anular la capacidad de planificar y ordenar el desarrollo. El efecto de esa prédica obtusa está a la vista porque somos un paí­s sin norte ni sentido porque supuestamente se ha dejado todo sujeto a un mercado que solo piensa en la ganancia de hoy sin prever las necesidades del futuro y eso lo tenemos que cambiar para hacer habitable nuestra región metropolitana.