Más que poder de fuego


La reacción ayer de las fuerzas policiales ante el asalto que un grupo de delincuentes realizó en una oficina particular ha puesto en evidencia que nuestra Policí­a Nacional Civil carece de la preparación para enfrentar crisis como esa y que lejos de contribuir con su presencia a preservar la vida de los rehenes, los expone seriamente por actuar sin planificación ni conocimiento de lo que deben hacer en situaciones de ese tipo.


Afortunadamente los delincuentes no prolongaron la situación sino que prefirieron abandonar el lugar dejando amarrados a los ocupantes del negocio asaltado, pero si alguno de ellos hubiera salido, con o sin rehenes, los agentes afuera hubieran reaccionado en forma desproporcionada según se ve de la actitud que tení­an. Con armas de combate y de alto poder, la mayorí­a de ellas útiles para operaciones de comando pero no para enfrentamientos urbanos que involucran a rehenes, los agentes se apostaron listos para disparar, con el dedo en el disparador como se ve en las fotografí­as, no obstante que algunos de ellos estaban hasta hablando por celular, ¡hágame usted el favor! El fusil AK 47 con miras normales no está diseñado para ese tipo de operaciones que requieren, en todo caso, fuego de altí­sima precisión. Menos aún cuando tienen la culata retraí­da, lo que le resta aún más punterí­a a quien lo acciona y eso se puede ver en todas las fotografí­as, en las que no hace falta ser experto para darse cuenta de cuán empí­rico fue el procedimiento de las fuerzas del orden. Lo grave en este caso es que ese empirismo puede generar situaciones fatales que pudieron costar la vida a las personas que fueron ví­ctimas del asalto. La mayorí­a de los comentarios de la gente ha hecho mofa de la fuga de los delincuentes, pero eso no es lo más grave de lo ocurrido ayer. Realmente hubo buena fortuna de que los delincuentes tuvieran una ruta de escape porque si no la hubieran tenido todo pudo terminar en una masacre causada por la evidente falta de preparación de los agentes enviados sin plan ni táctica de cuál era un procedimiento adecuado para esas circunstancias. Evidentemente no hubo ningún dispositivo perimetral que debió ser parte de la lógica para impedir que los delincuentes escaparan porque los policí­as, como niñitos jugando futbol, se fueron todos tras la pelota, es decir al mismo lugar de los hechos sin interesarse por los alrededores. En resumidas cuentas, todo fue un fracaso absoluto y no deja de ser paradoja que lo mejor que ocurrió es que los delincuentes pudieran irse sin caer en un enfrentamiento que pudo ser trágico.