A pesar del aislamiento y la pobreza, cientos de pescadores del Caribe guatemalteco apuestan por preservar miles de hectáreas de una región paradisíaca y rica en biodiversidad, de donde emanan los elementos fundamentales para su supervivencia.
Compuesta por áreas protegidas y corredores biológicos, esta zona privilegiada del Caribe (noreste) también está amenazada por la contaminación y la explotación inmoderada, por lo que las autoridades impulsan programas para lograr un desarrollo sostenible.
El Refugio de Silvestre Punta de Manabique, Boca del Río Polochic, Area Protegida Río Sartún y el Parque Río Dulce son parte del santuario donde unos 2.000 pescadores centran su pesca artesanal para luego venderla a intermediarios que la llevan a las ciudades.
Sin embargo, existen otros 3.000 pescadores que aún se resisten a asociarse en una Red para hacer de la pesca un uso sustentable y así «no morir de hambre en el futuro porque va en decadencia», afirmó a la AFP la presidenta de la entidad, Angélica Méndez.
Para el director del Centro de Estudios Conservacionistas de la estatal universidad de San Carlos, Jorge Ruíz, el involucrar a los pobladores es fundamental para la preservación de esta área que forma parte del Sistema Arrecifal Mesoamericano (SAM), integrado por Belice, Honduras y México, además de Guatemala.
La flora y fauna de Guatemala están conformadas por 8.681 clases de plantas, 1.966 vertebrados que incluyen peces y reptiles, 738 aves y 251 mamíferos. De las 990 especies protegidas, 36 corren peligro de extinción.
No obstante, Ruiz aclaró que el mayor destructor es la pesca industrial y el paso de grandes embarcaciones por los dos puertos que funcionan en el Caribe, ubicado a 295 km al noreste de la capital.
Guatemala es parte del Convenio Ramsar, compromiso suscrito el 2 de febrero de 1971 en la ciudad iraní del mismo nombre, por el que 121 naciones se comprometieron a conservar los humedales.
Los humedales son áreas inundadas de agua dulce, salada o mixta, poco profunda, estancada o fluida, que benefician a las comunidades dedicadas a la pesca, turismo y recreación, entre otras actividades productivas.
El país hasta el momento cuenta con seis sistemas de humedales de importancia internacional: el Parque Nacional Laguna del Tigre, Vida Silvestre Bocas de Polochíc, Manchón Guamuchal, Punta de Manabique, Yaxhá-Nakum-Naranjo y Región Lachuá, ubicados en cinco departamentos y abarcan 593.390 hectáreas.
Los ubicados frente al Caribe guatemalteco, una región rica en recursos naturales y de imponente belleza, fueron parte de un recorrido del gubernamental Consejo Nacional de Areas Protegidas (Conap) y grupos ecologistas para celebrar el Día Mundial de los Humedales.
Sin embargo, los humedales se han reducido por la sobreexplotación de estas fuentes naturales y el bajo presupuesto para vigilar y conservar el recurso natural, lamentó Ruiz.
La supervivencia en el Caribe guatemalteco se debe principalmente a actividades ancestrales como la pesca artesanal, o el floreciente turismo, que se presenta como una alternativa económica relevante y de rescate de los empobrecidos nativos del lugar, que en muchos casos viven dentro de reservas protegidas.
Cuando existe veda, muchos de los pescadores se dedican a la producción de carbón, lo cual daña al medio ambiente por la deforestación que causa.
En la zona, las entidades gubernamentales también trabajan para evitar la extinción de animales y aves exóticas, las cuales son cazadas para consumo como el manatí, el jaguar, el tapir, el mojarra y el pajuil.
«Al carecer de otros medios de subsistencia, las actividades de los pobladores causaron algún impacto en el ecosistema», lamentó Hilda Rivera, gerente de Jade, un proyecto de protección ambiental financiado por Holanda.
Este proyecto es responsable de 11 áreas protegidas y de sus corredores biológicos, que abarcan 1,2 millones de hectáreas en cinco departamentos de Guatemala.