Y todo… ¿para qué?


Empecé a trabajar como reportero en el desaparecido El Imparcial el 12 de octubre de 1959, es decir hace casi 51 años. Luego, esta columna que denominé Rayos X tuvo su nacimiento en el también desaparecido Diario La Tarde, después prosiguió en El Gráfico y en tres ocasiones, con esta, en el Diario La Hora. Estos artí­culos, los cuales no publico cuando he ocupado un cargo público, y jamás los he recortado, por lo que no tengo idea de cuántos miles habré escrito, incuyendo el Editorial del Radioperiódico Guatemala Flash, en su tercera emisión con el nombre de la «Voz del Pueblo».

Héctor Luna Troccoli

  Son muchos los sinsabores que se reciben cuando se es columnista o editorialista, desde amenazas,   hasta los anónimos que quienes no tienen el valor de dar la cara con nombres y apellidos legí­timos. lanzan contra el columnista de manera falaz sin analizar el contenido de su escrito.

Viene todo esto a colación porque durante esta larga trayectoria dentro del periodismo he notado como en estos años de supuesta democracia, quienes escribimos con percepciones diferentes por supuesto, tocamos casi siempre los mismos temas que agobian e inquietan al paí­s. Son temas comunes porque son cotidianos y permanentes: la violencia, la corrupción, la impunidad, el tráfico de influencias, la politiquerí­a barata, el cinismo desvergonzado de quienes nos gobiernan. Y si bien es cierto, existen gobernantes y gobernados, lo fregado es que los que gobiernan en su gran mayorí­a se meten a un partido para tratar de llegar al poder, lo cual es correcto dentro de cualquier teorí­a polí­tica, lo que no es correcto es que lleguen con el único y exclusivo propósito de convertirse en millonarios, robándose el dinero de las arcas nacionales que se llenan con nuestros impuestos, lo cual a Colom le importa un comino, mientras defiende a los azucareros por aumentar sin razón el precio del «lujoso» artí­culo llamado azúcar o, ahora, defendiendo a los generadores y distribuidores de la electricidad con una afirmación que no sólo es cí­nica sino totalmente inapropiada, al decir que si se realiza la rebaja que ordenó un tribunal, las compañí­as de electricidad perderán Q195 millones de quetzales y que la única forma de «reponerles ese dinerito a estos pobres» es poniendo impuestos a todos nosotros los «millonarios» ( en lombrices), guatemaltecos ¡Así­ lo dijo y no es cuento!  Y todo por defender a dos de sus principales «financistas» que son los que le regalan pisto para la campaña electoral y después, si queda su candidato, los colocan en un puesto donde puedan reponer su pisto como es el caso del señor Carlos Meany (defensor también de las petroleras), ministro de energí­a, Irving Cohen presidente del INDE y también su querido, primo, presidente de la Comisión de energí­a eléctrica, Carlos Colom.

Me imagino que lo que quiere el mandatario es dar a estas empresas un subsidio como los miles de millones de quetzales que se les ha dado a los transportistas y más ahora, con el llamado Transurbano en donde los dos Alvaros, el del Palacio de la Cultura y el de La Loba, quieren compartir… las penas que aquejan a los empresarios, en tanto, los pilotos siguen siendo asesinados.

 Por supuesto, también hay otros aspectos que son temas comunes y que he visto  que en su mayorí­a son denunciados por los lectores de medios, que de los que tienen un espacio editorial. Se trata del famoso Renap sobre el cual escribí­ un artí­culo el 26 de marzo, poniéndolo como prueba y ejemplo de la ineficiencia estatal elevada a la máxima potencia, pedidor de pisto  y creador de corrupción. Es increí­ble la cantidad de mensajes y notas que llegan a los medios de comunicación sobre esta entidad, en donde por dignidad (si la tienen) debí­an de renunciar sus principales autoridades y buscar gente con experiencia que pueda hacer una reingenierí­a que permita que el tal Renap atienda a  quienes les pagamos su sueldo con la prontitud necesaria.

 Yo quisiera que los comunicadores sociales leyeran las quejas de los ciudadanos que se ven obligados a sacar en ese antro, partidas de nacimiento, de defunción, de matrimonio, etcétera, que les son indispensables para realizar trámites o gestiones, desde inscribir a un niño en la escuela, hasta buscar un trabajo o sacar la licencia de conducir o el pasaporte. Para obtener tales documentos pasan horas de hacer cola y meses para entregarlos y para colmo de males, no sólo los registradores de las municipalidades metí­an las patas en el Registro Civil, sino que los del Renap son expertos consumados en cometer errores que después no componen o si lo hacen, le dicen: «Venga dentro de tres meses». Afortunadamente nuestro Congreso siempre tan magnánimo (se acuerdan de los Q87 millones hueveados), ya aprobó un préstamo para el Renap.  Por supuesto que el famoso DPI estará disponible con rapidez en el próximo siglo.

     Ya que se cuenta con una ley de libre acceso a la información que funciona a medias, serí­a bueno que algún avispado reportero averigí¼é cuánto gana cada directivo del RENAP, incluyendo a su Director, cuyo ingreso mensual, según se afirma es de Q75 mil por dirigir algo que no funciona.

    La verdad, es que creo que quienes escribimos en los medios tenemos una desventaja enorme. Nos lanzamos al ruedo para tratar de señalar las cosas malas y esperar en un alto grado de optimismo que las cosas cambien y mejoren para los chapines, pero, como dicen las abuelitas, tal parece que eso es gastar pólvora en sanates. Basta leer los periódicos y escuchar medios de TV y Radio, para darnos cuenta de que nuestro esfuerzo y disposición, aunque sea una lucha pequeña, no da resultados y que nuestros consejos no serán aceptados jamás.

     Por eso, cuando escribo cada una de mis columnas siempre me pregunto: Y TODO… ¿PARA QUí‰?