De capa caí­da



Después de seis años de ejercer el poder en Estados Unidos, y cuando se encuentra tan de capa caí­da que hasta los mismos miembros de su partido tratan de guardar distancias con él, el presidente George W. Bush anuncia su gira por paí­ses latinoamericanos que le llevará a Brasil, Uruguay, Colombia, Guatemala y México. Evidentemente se trata de un periplo que tiene la finalidad simbólica de mostrar interés de Washington por una región en la que se está evidenciando un fuerte papel del gobierno de Venezuela que está ya en la categorí­a de objetivo de la Casa Blanca, según se desprende de las declaraciones de la Secretaria de Estado, quien ya dijo que están en contacto con la Iglesia venezolana, en lo que recuerda el papel que jugó, por ejemplo, la iglesia de Guatemala en 1954 para facilitar la invasión que derrocó a Arbenz.

Para un paí­s como el nuestro, la visita del Presidente de Estados Unidos siempre será un acontecimiento, aunque sea un mandatario tan mal calificado por su propio pueblo como le ocurre ahora a Bush. Y el gobierno del presidente Berger intentará colocar en una agenda que hasta ahora se limita a «experimentar la rica diversidad cultural de ese paí­s centroamericano», temas como el de la migración y el trato que reciben nuestros compatriotas que han llegado ilegalmente a Norteamérica. Bush, por su parte, aprovechará el viaje para reclamar la poca eficiencia en el combate al narcotráfico que se traduce en ridí­culas sumas de estupefacientes decomisadas por las fuerzas de seguridad.

Bush tení­a que tomar en cuenta a Centroamérica en este viaje, sobre todo luego de lo ocurrido en Nicaragua y por ello se pensó que Guatemala era un punto importante. En primer lugar hay elecciones este año y, además, se le reconoce aún como un paí­s importante en la región que mantiene sus lazos de amistad con Estados Unidos, paí­s al que nuestra cancillerí­a sirvió muy diligentemente para impedir que Venezuela pudiera llegar al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, aunque ese servilismo nos terminara pasando una alta factura porque perdimos una oportunidad para ser electos en esa instancia del sistema de Naciones Unidas.

Y veremos alguna movilización social de grupos que se definen contrarios a la polí­tica norteamericana, sobre todo en cuanto al Tratado de Libre Comercio se refiere. Sin duda que algunos tratarán de manifestar, en una reiteración de lo que ocurre a lo largo y ancho del mundo cuando llega un gobernante de Estados Unidos y que ahora, por la errática y agresiva polí­tica exterior de este gobierno norteamericano, se incrementa en repudio a esa tendencia de la Casa Blanca a exportar su modelo polí­tico e imponerlo a otras sociedades sin tomar en cuenta sus peculiaridades, su historia y sus diferencias culturales con el pueblo norteamericano.