Mano dura contra «mareros» es contraproducente


De acuerdo con los estudios, la estrategia de polí­ticas fuertes de seguridad contra los mareros, son contraproducentes.

Combatir la violencia de las pandillas juveniles que actúan en América Central y Estados Unidos con más violencia es una estrategia que lejos de solucionar el problema ha promovido una mayor organización de estos grupos, revela un estudio divulgado hoy en Washington.


El reporte, presentado por la Oficina para América Latina en Washington (WOLA por sus siglas en inglés) y un equipo de investigadores encabezado por el Centro de Estudios y Programas Interamericanos del Instituto Tecnológico de México (ITAM), es un estudio comparativo realizado durante más de un año en América Central, México y Washington.

Entre las principales conclusiones de este trabajo, los investigadores destacan que la estrategia de combatir a las pandillas o «maras» con tácticas represivas, como ocurre en El Salvador, Honduras y Guatemala, ha sido «contraproducente».

«La investigación muestra que las pandillas han surgido más organizadas en lugar de menos (organizadas) en respuesta a abordajes policiales de lí­nea dura. La seguridad pública no ha mejorado como resultado de estas estrategias», indica el reporte.

En cambio, el estudio recomienda seguir lo que califica como «mejores prácticas», algunas de las cuales se aplican ya en América Central y Estados Unidos, y que permiten abordar la cuestión de forma «abarcativa».

Entre estas metodologí­as, cita las aplicadas por la policí­a en el área del Distrito de Columbia, donde se encuentra la capital estadounidense, o el «involucramiento de la policí­a en programas de prevención como hace la policí­a en Nicaragua», e incluso «esfuerzos para desarrollar respuestas de las comunidades», como ocurre en algunas localidades de América Central.

En particular, el reporte llama a considerar este tipo de alternativas en México, «donde hay una necesidad de respuestas preventivas y coordinadas».

En el caso mexicano, los investigadores destacan una «sorprendente conclusión»: las pandillas «formadas con inmigrantes centroamericanos, o ligadas a las pandillas centroamericanas como la Mara Salvatrucha o la (Mara) 18, no están extendidas» en el paí­s norteamericano.

«Las pandillas de jóvenes mexicanos existen, y las pandillas criminales de tráfico de drogas son un serio problema de seguridad. Pero, a pesar de una retórica alarmista, el estudio muestra que las pandillas centroamericanas no son un problema mayor en México», indican.

El estudio indica asimismo que la naturaleza de las maras «varí­a de paí­s en paí­s».

El equipo de investigadores concluye que las pandillas juveniles «son una seria amenaza a la seguridad pública en El Salvador, Honduras y Guatemala», y representan «un problema mucho menor» en Nicaragua. En el área de Washington donde también se focalizó la pesquisa, no constituyen «en este momento un tema principal de seguridad pública».

El lunes pasado, el secretario de justicia de Estados Unidos, Alberto Gonzales, y sus pares de Centroamérica analizaron en San Salvador proyectos de cooperación para combatir a las pandillas juveniles que se han convertido en un fenómeno delictivo transnacional.

Asimismo, desde el miércoles y hasta el viernes de esta semana, responsables de las polí­cias de México, Belice, El Salvador, Guatemala, Honduras y del FBI, la policí­a federal estadounidense, así­ como del Departamento norteamericano de Justicia, se reúnen en Los Angeles (California, oeste) para debatir estrategias para combatir el paso de pandilleros por la frontera de Estados Unidos.

En América Central, según proyecciones de los servicios policiales locales, más de 200.000 jóvenes marginados, muchos de ellos deportados de ciudades estadounidenses, integran las pandillas, entre las que destacan las denominadas Mara Salvatrucha y Mara 18.