Energí­a y Minas



En el marco de lo que parece ser una agria disputa entre generadores de electricidad y la Comisión Nacional de Energí­a Eléctrica, el ministro de Energí­a, Luis Ortiz, renunció ayer evidenciando que como funcionario estaba identificado con la postura de los empresarios de la generación eléctrica, sin compartir el punto de vista del Gobierno.

Si tomamos en cuenta los antecedentes, veremos que el ministro Ortiz fue consistente en colocar al despacho del lado de los empresarios, dando la espalda a los intereses de la población. Baste ver la forma en que permitió que las petroleras jinetearan a su sabor y antojo el tema del precio del combustible, subiéndolo inmediatamente cuando se rumoraba un alza en el mercado mundial y atrasando groseramente cualquier rebaja cuando se demostraba una disminución del valor del crudo en ese mismo mercado. Nunca el Ministerio obligó a las petroleras a mostrar, cuando menos, la misma celeridad y eficiencia que siempre tuvieron para subir el precio de las gasolinas y el diesel, a la hora de aplicar las rebajas resultantes de las variaciones en el extranjero.

Ahora presentó su renuncia porque no comparte el punto de vista del Gobierno, manifestado a través de la Comisión Nacional de Energí­a Eléctrica, y se retira por considerar que esa polí­tica afecta los intereses de los generadores. En realidad no es que el Gobierno ni el paí­s estén perdiendo un gran funcionario porque, como ayer se publicó en estas páginas editoriales, se trata de un funcionario en realidad ignorante y sin capacidad que pudo escalar a la posición que tuvo por la composición tan peculiar de este gobierno de empresarios. Pero es importante ver que el final de su gestión debe ser visto en el marco de lo que para el guatemalteco común y corriente significó su desempeño al frente del Ministerio de Energí­a y Minas, donde apañó a las empresas petroleras para que hicieran lo que les vení­a en gana en materia de precios.

Y eso lo pagamos todos los guatemaltecos que fuimos ví­ctimas de una demora tremenda cada vez que habí­a que operar rebajas en los precios y de una velocidad extraordinaria cuando los ajustes eran para encarecer las gasolinas. Hizo bien por ello el Presidente al aceptar la renuncia a ese funcionario cuyo único mérito, corroborado hasta el final, es haber sido consistente en colocar la estructura reguladora del Estado al servicio y beneficio de intereses particulares y aun en contra de los intereses de la población.

Energí­a y Minas se ha convertido en un Ministerio al servicio de los empresarios y lo confirman las actuaciones de los titulares de esa cartera, que salen y entran de petroleras, empresas de gas y de energí­a a las que sirven con diligencia y eficiencia, cualidades que no se notan a la hora de ver el rendimiento del despacho en la protección de los intereses nacionales.