Goliat dijo al ejército de Israel: «Escojan entre ustedes un hombre que venga contra mí. Si él pudiera pelear conmigo y me venciera, nosotros seremos siervos de ustedes; y si yo pudiera más que él y lo venciera, ustedes serán nuestros siervos y nos servirán. Hoy yo he desafiado al campamento de Israel; denme un hombre que pelee conmigo». Oyendo Saúl -rey de Israel- y todo Israel estas palabras del filisteo, se turbaron y tuvieron gran miedo. No debe olvidar el amable lector que Goliat era un guerrero formado así desde niño, medía casi tres metros de altura y tenía encima todos los arreos de un guerrero de la época: Casco de bronce; cota de malla, grebas de bronce que cubrían sus piernas desde la rodilla hasta la garganta del pie y jabalina de bronce entre sus hombros. El asta de su lanza era como un rodillo de telar e iba su escudero delante de él.
David dijo al rey Saúl: «No desmaye el corazón de ninguno a causa de él; tu siervo irá y peleará contra este filisteo». Y dijo Saúl a David: «No podrás tú ir contra aquel filisteo para pelear con él; porque tú eres muchacho y él un hombre de guerra desde su juventud». David respondió a Saúl: «Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre y cuando venía un león o un oso y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él y lo hería y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada y lo hería y lo mataba». Añadió David: «Jehová me ha librado de las garras del león y de las garras de oso, él también me librará de las manos de este filisteo».
Dice la Escritura que cuando el filisteo miró y vio a David, le tuvo en poco; porque era un muchacho, rubio y de hermoso parecer. Le dijo el filisteo a David: «Â¿Soy yo perro para que vengas a mí con palos?» El fino lector no debe olvidar que David llevaba su cayado, una honda y cinco piedras en el zurrón.
Lee lo escrito que: «Y metiendo David su mano en la bolsa, tomó de allí una piedra y la tiró con la honda, e hirió al filisteo en la frente; y la piedra quedó clavada en la frente y cayó con su rostro en tierra.»
¿Cuántos gigantescos e invencibles Goliats cree el paciente lector que debe enfrentar cada quien en la vida cotidiana? ¿Cuántos problemas enfrentan los guatemaltecos como sociedad y se mantienen paralizados por el miedo, sin saber qué hacer ni cómo reaccionar? ¿Por qué razón el miedo ha paralizado a una población entera sin saber cómo puede defenderse de los leones, de los osos y de los diarios Goliats que se presentan?
Biológicamente, el miedo es un bosquejo de adaptación, y establece un mecanismo de supervivencia y de defensa, surgido para permitir al sujeto responder ante situaciones adversas con rapidez y eficacia. En ese sentido, es normal y beneficioso para el individuo y para su especie.
Sin embargo, a la sociedad guatemalteca el mecanismo de supervivencia y defensa parece habérsele atrofiado, ya que no ha podido responder ante las evidentes situaciones adversas que rebalsan su entorno social de una manera sistemática. Más aún, muchos se adhieren a quienes moldean, sostienen y diariamente agigantan la adversa situación que se mantiene en Guatemala.
Aquí no aparecerá David alguno que mate al dinosaurio Goliat. Tiene que ser la sociedad unida como un solo cuerpo quien podría iniciar un proceso para derribar a quien le mantiene congelada de miedo.
«Las mejores oportunidades vienen disfrazadas de problemas «sin solución»», cita un texto. ¿Lo cree usted así, lector amigo?