Sé que son más de 100 las llamadas «policías privadas» que no tienen control alguno por parte de ningún organismo u organización del Estado, sé que muchos de sus miembros han cometido delitos de diferente índole y que algunos son utilizados para el sicariato. Nos fijamos mucho en la PNC, y la CICIG y el MP se le dejan ir, con justa razón muchas veces, pero se olvidan de los otros, la mayoría con escopetas calibre 12 capaces de ser disparadas con los ojos cerrados de cerca y semidestrozar a un auto y despedazar a una persona. Fíjese usted nada más. De todas esas, habrá algunas buenas, no lo dudo, pero cuesta encontrarlas.
Pero cada policía privada es una mina de oro para sus dueños, la mayoría ex militares y ex policías, que no han salido con muchos honores que digamos. Usted las contrata para que cuiden sus negocios, pero… ¿y a ellos quién los cuida? Sabe cuál es, en la mayoría de los casos, el íšNICO requisito que les exigen a sus miembros: que sepan saber leer y escribir y que hayan pasado sexto año de primaria, aunque este último puede ser eliminado.
En este y los anteriores HONORABILíSIMOS CONGRESOS DE LA REPíšBLICA, existen proyectos de ley para que como un elemento esencial de la seguridad ciudadana se regulan este tipo de grupos armados que fácilmente pueden contar con más de 50,000 hombres con una escopeta 12 en las manos ¿Qué tal va su seguridad?
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Lo cochino y asqueroso es que el y los otros HONORABLES CONGRESOS no pasan la ley que les regule porque el pisto ha corrido más que las aguas del río más caudaloso que se pueda imaginar.
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Si usted fue policía y lo echaron, no tenga pena, ponga su Policía Privada. Si usted fue sacado del Ejército, no se preocupe. Ponga su policía, porque si tiene trabas en el Ministerio de Gobernación, aceitará generosamente a los que lo ayuden.
Pregúntele a don Carlos Castresana cuántas veces ha pedido que se regulen estas policías, pregúntele a los autollamados grupos pro justicia cuánto lo han pedido. Pero nel pastel. Y pregúntele al Presidente de la República por qué no ordena a sus achichincles a que pasen la ley. Nunca. Allí, atrás de esos proyectos están poderes fácticos enormes que se codean con el crimen organizado más conspicuo.
 Habrá unas 10 empresas que efectivamente escogen, evalúan y llevan a sus filas a gente decente. Pero hasta allí llegamos.
Para que usted sepa de un caso, uno solo entre miles de diferentes hechos que ocurren al amparo de estas policías y quizás, el más «leve» de todos, me narraron un caso sui géneris. En un pequeño centro comercial de la zona 10 se contrató a una empresa de seguridad que tiene su sede muy bien situada: la zona 18. Pues bien, uno de los comerciantes de este centro, cercano al nuevo paso a desnivel, me contó que en año y medio de estar allí lo primero que observó fue cuando sacaron a uno de los policías cuidadores porque trató de violar a una secretaria de allí mismo; luego, uno que se la llevaba de evangelista y se mantenía cantando alabanzas fue detenido por consumir «sin medida ni clemencia» el dulcito llamado mariguana; otro, estaba sin un solo documento de identidad en el país ya que era nicaragí¼ense; luego, «misteriosamente» abrieron un boquete de una lavandería y se robaron lo que pudieron y, finalmente, el Viernes Santo, mientras Cristo era crucificado y luego sepultado, abrieron dos boquetes en el techo y se robaron en dos negocios más de Q.100,000 mientras el balbuceante policía que cuidaba decía que había sido «drogado» y presentaba algunos moretones, pero lo que no sabe es que este policía de pacotilla, tenía, desde 1998, antecedentes policíacos por consumir, almacenar y distribuir drogas, lo cual repitió en el 2001.
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Vea pues cómo estamos, vea pues cómo los diputados no regulan estas policías, vea pues por qué la criminalidad es cada día peor, vea pues, cómo somos crucificados y sepultados sin esperanza de resucitar…