El primero de junio de 1910, Francisco I. Madero salió del norte de la República rumbo a la capital, en el trayecto muchedumbres lo aclamaban como el jefe victorioso de la Revolución. El tren que lo conducía avanzó a través del centro de México, la escena se repetía en todas las estaciones de la ruta. El siete de junio arribó a la Estación Colonia de la capital, esa madrugada la ciudad fue sacudida por un temblor y entre la gente se acuñó un estribillo: «cuando Madero llegó hasta la tierra tembló».
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Todas las iglesias de la capital de México y las sirenas de las fábricas se oían a la hora del paso de su comitiva. Siguiendo por la Avenida de la Reforma, en un carruaje conducido por palafreneros ataviados de gala, el cortejo llegó hasta el Zócalo en donde fue recibido por el Presidente Interino Francisco León De la Barra. Puede decirse que esa, fue la única vez en la que el Presidente provisional y Madero se presentaron de común acuerdo en un acto público.
Todo el período de la Presidencia provisional entre junio y octubre de 1910, representó una espina clavada en el corazón de Madero y de la Revolución. Con la misma ingenuidad con que signó los acuerdos de Ciudad Juárez, Madero renunció a la presidencia interina permitiendo a De la Barra ser llamado al cargo. También permitió los nombramientos de personas que de alguna manera representaban una continuidad del Gobierno del general Porfirio Díaz. La única excepción fueron cuatro ministros y la mayoría de gobernadores que eran gente suya. El tema que marcó la diferencia desde un principio, fue el licenciamiento del Ejército Revolucionario, manteniéndose al Ejército Federal sin tocar su estructura. Dentro de esa situación creada, destacaba la presencia de un hombre que ganaba espacios favorecido por el sector conservador. El mismo que más tarde sería enviado para combatir a Zapata cuando éste se negó a licenciar a sus tropas: el general Victoriano Huerta.
Cuando Madero llegó a la Ciudad de México fue recibido por Emiliano Zapata y su Estado Mayor, conferenciando sobre los problemas existentes en Morelos. El doce de junio Madero emprendió una gira por Morelos, esperando iniciar el licenciamiento de las tropas, pero nuevos disturbios impidieron la reunión. Zapata se presentó en la capital el 24 de junio, insistiendo que para licenciar sus tropas debería garantizarse el arreglo de la devolución de la tierra a las comunidades, la causa por la cual se levantara en armas. Asimismo, se estableció un acuerdo para un cambio del Gobernador del Estado.
Sorpresivamente De la Barra decidió poner un ultimátum a Zapata sin esperar los resultados de las gestiones de Madero. Un nuevo Ministro de Gobernación con términos perentorios, urgió el licenciamiento para finales de agosto. Entre junio y el mes de agosto Madero y Zapata se reunieron varias veces, no faltando en ocasiones disturbios que alejaban los buenos propósitos. Una de esas veces, Madero salió de la capital con la intención de volver a conferenciar con Zapata en Cuautla, en el ínterin De la Barra informaba que había ordenado al general Victoriano Huerta proceder militarmente si no se llevaba a cabo el desarme de los zapatistas. La presencia de Huerta en Cuernavaca causó gran desconfianza y actos de rebelión entre las fuerzas de Zapata. Ante esto Madero repitió su visita sin lograr un resultado positivo; lo que él hacía con una mano lo deshacían con la otra De la Barra y Huerta, iniciándose un conflicto entre Zapata y Madero. El 29 de agosto el Gabinete dio mano libre a Huerta para arrestar a Zapata lo cual no hizo sino oficializar la rebelión en Morelos.
Las elecciones para la Presidencia y Vicepresidencia se celebraron el 15 de octubre tal como habían sido previstas. Por disidencias internas entre los revolucionarios, se dieron cambios en el binomio que originalmente integrara Madero. Al final el candidato vicepresidencial en sustitución del Dr. Vásquez Gómez fue José María Pino Suárez, quien había apoyado a la Revolución en Yucatán. El 2 de noviembre Madero y Pino Suárez fueron declarados electos y el 6 de noviembre prestaron juramento para asumir la Presidencia de México. Madero inició su gobierno contando con fuerzas en su contra, los defensores del régimen porfirista, entre ellos el clero y los intereses de las potencias extranjeras. Por si esto fuera poco, la Revolución exigía cambios sociales que Madero nunca había priorizado, la rebelión de Zapata en Morelos era un ejemplo a la vista. Para terminar de crear incertidumbre, Madero obsesionado con la democracia, incluyó en su gobierno a personas del Gabinete de De la Barra que se oponían a las reformas necesarias. El poder judicial continuaba bajo el poder de hombres del régimen anterior. A principios de 1912 empezó la campaña electoral para elegir al nuevo Congreso entre los partidos Constitucional Progresista de Madero y el Partido Católico. Planteada la lucha electoral, además de las exigencias de la Revolución, de una prensa envenenada y un Congreso dividido, Madero tuvo que enfrentar las acciones del embajador norteamericano Henry Lane Wilson, quien llegó a ser el más fanático de sus enemigos. El problema más grave de la administración era la cuestión agraria. El Presidente se encontraba entre dos fuegos: por una parte los que habían usurpado las tierras de las comunidades, muchos de ellos los grandes latifundistas de los estados del Norte y de Morelos, que se oponían Por otra parte, el de los que exigían la reforma agraria conforme a los postulados de la Revolución. (Continuará)