Considero muy acertada la decisión del Ministerio de Cultura y Deportes al declarar Patrimonio Cultural Intangible de la Nación la Huelga de Dolores, que organiza la Honorable Hermandad de la Universidad de San Carlos de Guatemala, que este año cumplió 112 años de popular celebración anual. Esto representa un alto compromiso y una exhortación para la muchachada universitaria que eleve la calidad de la crítica y dejen a un lado las desviaciones… de todo tipo.
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Desde hace algunos se ha demostrado que «Las Carrozas del Viernes de Dolores», pueden alcanzar expresiones de autentica creatividad y de fina criticidad, como lo habían logrado generaciones de sancarlistas en el pasado. Igualmente, es una buena advertencia para los «Reyes Feos»: Ellos representan lo mejor -o lo peor- de la nuestra querida Huelga, una verdadera joya en lo que se ha dado en llamar las Industrias Culturales Populares, esas expresiones vivas del pueblo, presentes de distintas maneras y formas, que históricamente se han venido desarrollando en los últimos años a lo largo de toda Latinoamérica.
La Huelga de Dolores es ya una herencia cultural de Guatemala, no un patrimonio de unos pocos… sino de todos los guatemaltecos: nos representa, nos identifica, nos retrata como somos: con todas nuestras desgracias y las pocas virtudes que tenemos. Por eso, felicitaciones al Ministerio que se dio cuenta -por fin- de esa realidad cultural intangible que ya forma parte de un legado históricamente valioso: la capacidad que tenemos los chapines de reírnos de nosotros mismos, aunque se «emputen» los poderosos.
Y algo más: en un gobierno de derechas o conservador, como los que hemos tenido, esta toma del valor que tiene la conciencia popular hubiera sido impensable. A esos grupos mojigatos no les agrada que el pueblo piense, mucho menos que se exprese y peor: que lo haga «vulgarmente», como en la Huelga de todos nuestros dolores (entre comillas, pues).
Para quienes en algún momento participamos de la Huelga de Dolores, como lo hice como coordinando el de Ciencias de la Comunicación en 1975, éste reconocimiento oficial, que en realidad no lo necesitaba la Huelga, deberá convertirse en un acicate para reflexionar seriamente y mejorar todas las expresiones huelgueras: los boletines, la Velada, la elección del Rey Feo, y por el Desfile Bufo, con sus comparsas, carrozas alegóricas etc. Una cosa nada más: el sentido de irreverencia y frescura, no se debe ni se puede perder, porque así nació la Huelga y nos identifica plenamente.
La risa del pueblo logra estallar plenamente en cada paso, en esta expresión que se caracteriza por tomar las calles y denunciar públicamente lo que pasa en el país, donde nos acostumbramos a estar muy calladitos y seguir con tremendismo la actualidad nacional. Jean Davignaud ha dicho que vivimos una contemporaneidad, en la que vivimos en las sociedades visuales, en donde todo quedó mostrado y todo es una actuación. La Huelga de Dolores es una fiesta multitudinaria cada año, con el fin de exponer públicamente, por un sector que ha tomado conciencia de la realidad, de esas pasiones y desvaríos de los gobernantes, en medio de una pantomima desfachatada, para descubrir los negocios sucios y tranzas de cuanto hombre o mujer poderosa se ponga en frente. Hasta las iglesias (en plural) caen de sus pedestales, en esta realidad histriónica que es nuestra tradición anual de Semana Santa.
La espectacularidad con todas sus características, da paso a un bufón institucionalizado en Guatemala, que lo representa la Huelga de Dolores, que cada año tiene la libertad, con licencia arrebatada, para decir las verdades descarnadas… pero en son de broma.