Histórica reforma de la salud


El lí­der de la mayorí­a demócrata Steny Hoyer rí­e, mientras que Nancy Pelosi habla durante la conferencia de prensa sobre la Reforma de Salud en Estados Unidos. AFP PHOTO/ YURI GRIPAS

La aprobación por parte del Congreso estadounidense de una histórica reforma de la salud, con la que el paí­s está cerca de adoptar un sistema de cobertura médica universal, en la mayor victoria del presidente Barack Obama desde que inició su mandato en enero de 2009.


El presidente de EE.UU., Barack Obama.

Luego de semanas de negociaciones y debates amargos, la Cámara de Representantes con mayorí­a demócrata aprobó con 219 votos a favor y 212 en contra anoche un proyecto de ley que extiende la cobertura de salud a 32 millones de estadounidenses adicionales, convirtiéndose en el mayor cambio polí­tico en cuatro décadas.

«Esta noche respondimos el llamado de la historia como tantos estadounidenses antes que nosotros (…) No temimos por nuestro futuro, le dimos forma», dijo Obama luego de la aprobación.

Ningún republicano votó a favor del proyecto de ley, ya aprobado por el Senado. í‰stos advirtieron que Obama sufrirí­a un contragolpe con la medida, que tendrá un costo de cientos de millones de dólares en la próxima década.

Pero el presidente, que firmarí­a el proyecto de ley en los próximos dí­as, elogió a los legisladores por desafiar las predicciones de que la colosal legislación se derrumbarí­a debido a divisiones partidarias.

Cansado después de una semana en la que se reunió o habló con cerca de 100 legisladores, pero evidentemente saboreando el reñido triunfo en su mayor apuesta nacional, Obama declaró a los estadounidenses: «Así­ es como se ve el cambio».

Cuando el recuento de los votos ya habí­a superado los 216 requeridos, los demócratas estallaron en gritos, aplausos y abrazos, antes de corear el eslogan «Yes, we can» (sí­, podemos) recordando la campaña de Obama en 2008.

Se opusieron a la medida 178 republicanos y 34 demócratas conservadores, alentados por cientos de manifestantes que repetí­an «Kill the bill» (maten el proyecto de ley) desde las afueras del Congreso.

En sus declaraciones, Obama acusó recibo de las advertencias de los republicanos según las cuales los demócratas pagarí­an un precio polí­tico alto en las elecciones de noviembre, en las cuales se decidirá quién controlará el Congreso.

«Sé que no ha sido una decisión fácil para mucha gente. Pero fue la decisión correcta», señaló Obama.

El Senado tiene ahora que realizar una serie de cambios en el proyecto de ley, que la Cámara aprobó 220-211, a partir de mañana.

El proyecto de ley del Senado junto a los cambios renovarán por completo el sistema de salud estadounidense, un siglo después del implementado por el presidente Theodore Roosevelt, al extender la cobertura a 95% de la población menor de 65 años.

El proyecto de ley prohí­be que las compañí­as de seguros nieguen la atención por problemas de salud preexistentes, o impongan lí­mites en la cobertura para toda la vida, y permite que se otorguen subvenciones para suscribirse a un seguro privado.

También implica un aumento de los impuestos a las personas con mayor ingreso, mientras que extiende la cobertura a los estadounidenses más necesitados.

«Este proyecto de ley es complicado, pero al mismo tiempo es muy sencillo: la enfermedad y la discapacidad son universales, y somos más fuertes contra ellos juntos que si estuviéramos solos», señaló el lí­der de la mayorí­a demócrata Steny Hoyer antes de votar.

Sin embargo, el lí­der de la minorí­a republicana John Boehner exclamó: «Â¡Deberí­a darnos vergí¼enza! ¡Deberí­a darnos vergí¼enza esta entidad (el Congreso)! Vergí¼enza a todo aquél que imponga su voluntad y sus deseos por encima de los de sus compatriotas».

Fuera del Congreso, el diario New York Times, de izquierda, tildó la aprobación de la reforma de «un logro de proporciones históricas».

Por su parte, el conservador Wall Street Journal señaló que la reforma representaba «una toma de poder del Estado sobre el sistema de cobertura de salud» que resultará en «impuestos más elevados, un crecimiento económico más lento y una peor atención médica».

Se espera que esta semana el Senado realice los cambios y los apruebe por separado, bajo normas que impiden que los republicanos recurran a la obstrucción parlamentaria, con la que podrí­an haber demorado y aniquilado la medida.

Demócratas señalaron que la estimación de la Oficina de presupuesto del Congreso evaluó el costo de la medida en 940 mil millones de dólares para los próximos 10 años, aunque hacia 2019 reducirá los gastos del gobierno federal en 143 mil millones de dólares y en 1.2 billones de dólares para la siguiente década.

OBAMA Un lugar en la historia


El presidente estadounidense Barack Obama cuenta ahora con un logro polí­tico histórico para alimentar su legado, al ser el primer demócrata en lograr el sueño de cobertura de salud para casi todos los estadounidenses.

Pero fue tal el rencor generado por la intensa batalla sobre el proyecto de ley de reforma de la Salud, que el impacto sobre el futuro polí­tico de Obama y sus aliados demócratas no está claro.

Obama ya tení­a un lugar único en la historia de Estados Unidos al convertirse en el primer presidente negro y ahora su victoria en la reforma sanitaria, la mayor iniciativa social en los últimos 50 años, ha coronado una lucha centenaria de los demócratas.

Sus seguidores dirán que es el presidente demócrata más reformista desde Lyndon Johnson (1963-1969), que logró la aprobación de la cobertura de salud para los pobres y los ancianos, además de la ley de derechos civiles.

La victoria de ayer le dio aire a una presidencia que comenzó con expectativas estratosféricas y que recientemente se veí­a confusa y atribulada, y le permite a Obama argumentar que ha cumplido con el cambio que prometió en su campaña electoral.

«Esta noche respondimos el llamado de la historia como tantos estadounidenses antes que nosotros (…) no temimos por nuestro futuro, le dimos forma», dijo Obama.

Algunos liberales argumentarán, sin embargo, que la reforma no es lo suficientemente profunda, y algunos conservadores la considerarán una iniciativa que eliminará empleos y permitirá que el gobierno se apodere de una buena parte de la economí­a, pero nadie discute su importancia.

«Pienso que recordaremos esta votación como algo histórico», dijo Dan Shea, profesor de ciencias polí­ticas en el Allegheny College, Pennsylvania (este).

«Cambiará la relación entre el ciudadano y el gobierno, y el papel del gobierno en la medicina», dijo sobre una reforma que amplí­a la cobertura de salud a 32 millones de estadounidenses que no la tení­an.

Algunos creen que cuando Obama promulgue la ley esta semana alcanzará el punto alto de su presidencia.

«Sin tener en cuenta algún acontecimiento mayor, pienso que este será probablemente el momento más importante de su primer periodo, incluso de su presidencia», dijo Costas Panagopoulos, cientista polí­tico de la Universidad Fordham.

Obama llegó al poder con promesas de amplias reformas polí­ticas y sociales, pero fue detenido por la oposición republicana y su caí­da en las encuestas.

Así­ que esta victoria polí­tica no hará más que aumentar su autoridad en Washington tras insistir con el cambio. Pero algunos observadores creen que además de ello, también habrá un precio a pagar.

La lucha por la reforma de la salud ha dejado a Estados Unidos más polarizado que cuando Obama asumió el 20 de enero de 2009.

La Casa Blanca argumenta que una vez que pase el furor generado por la discusión los estadounidenses aceptarán la reforma sanitaria.

Pero los republicanos esperan que no sea así­, y que el malestar les permita eliminar las mayorí­as demócratas en las legislativas del próximo noviembre.

«Este voto y la aprobación de este proyecto de ley no es el final del debate sobre la reforma de la salud», dijo Panagopoulos. «Será el principal tema de las legislativas de 2010».

Marco Rubio, precandidato republicano al Senado por Florida, dijo apenas finalizada la votación que la reforma representa «todas las cosas que los estadounidenses odian de nuestro sistema polí­tico».

Pero la misma, que no es tan amplia como hubieran querido los seguidores de Obama, puede de todas formas alentar a los votantes demócratas a participar en noviembre.