Ljubicic se acordó de ganar


«La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida…» Y sí­, a los 31 años, casado, ya con un hijo de apenas 1 año, y con 12 como profesional, Ivan Ljubicic logró su tí­tulo más importante. Nunca antes habí­a podido conseguir un torneo Masters 1000, de la categorí­a inmediata a los Grand Slam. Por eso, este de Indian Wells es su máximo éxito individual, ya que en 2005 obtuvo la mí­tica Copa Davis con el equipo de Croacia.


Sin pelo -ahora usando vincha-, este diestro dueño de un gran saque y que se apoya también en un revés suelto y muy agresivo a una mano cuando lo ejecuta paralelo, volvió a ser noticia en el circuito mayor de la ATP. Es que si bien se adjudicó el certamen francés de Lyon en octubre de 2009, este tí­tulo en suelo estadounidense es su segunda conquista en dos años y nueve meses.

Así­, Ljubicic logró su 10° tí­tulo oficial (perdió otras 12 finales), con el dato elocuente de que las 22 definiciones las jugó sumando tres superficies veloces, como cemento, carpeta sintética y césped. Y este fue el segundo campeonato que ganó sin figurar entre los cuatro principales cabezas de serie (fue el 20°), ya que el anterior resultó justamente el primero de su cosecha personal, en Lyon 2001, donde no estuvo entre los favoritos.

Este croata, í­dolo en su paí­s, llegó a ser el N° 3 del mundo hace casi cuatro años, en mayo de 2006 y terminó entre los top-ten de la ATP en 2005 y 2006. Ahora aterrizó en Indian Wells, en el desierto de California, como 26° del ránking y se instaló gracias a esta resonante victoria entre los 15 mejores, un sitio que no ocupaba desde octubre de 2007. Por eso, este es un «revival» histórico, realmente sorprendente.

Ljubicic ya se habí­a convertido en el primer jugador de Croacia en alcanzar la final de Indian Wells y su victoria sobre el í­dolo local Andy Roddick en el partido decisivo significó su máxima copa profesional, ya que habí­a perdido las tres finales de Masters 1000 que habí­a jugado, en Madrid y Parí­s (2005) y Miami (2006). El último croata en alzarse con un certamen de esta categorí­a habí­a sido Goran Ivanisevic, en 1993, en Parí­s.

Con este éxito, Ljubicic se transformó en el primero en capturar un Masters 1000 sin ser uno de los 20 primeros de la lista mundial desde noviembre de 2007, cuando el argentino David Nalbandian triunfó en Parí­s, siendo 21°. Y el anterior dueño de la corona de Indian Wells que no figuró entre los top-20 del ránking se trató del español Alex Corretja, allá por 1990, cuando, al igual que ahora el croata, se ubicaba 26°.

A tal punto deslumbró Ljubicic que esta fue su octava participación en Indian Wells y lo más alto que habí­a escalado habí­a sido llegar a cuartos (2006, 2007 y 2009). Una curiosidad: en cuartos de 2007 perdió precisamente ante Roddick y en dos tie-breaks, contrariamente a lo que sucedió en esta oportunidad. Por eso, esta fue una especie de revancha personal.

En la ceremonia de premiación, Roddick le dijo a Ljubicic que recordaba que hace un año, en los vestuarios, el croata le habí­a dicho que planeaba retirarse del tenis y justo ahora le ganó a él esta final. Se mostró como un caballero, tuvo un poco de ironí­a y provocó las sonrisas de todos. El estadounidense se caracteriza por ser un muy buen perdedor, sin declaraciones conflictivas ni gestos molestos, más allá de la lógica tristeza por haber perdido.

Para colmo, Roddick sufrió una decepción doble, ya que era local y querí­a quitarse la espina en este torneo, que se le sigue negando. De hecho, el bombardero de Nebraska, quien se coronó una vez en el US Open, sigue sin poder ganar Indian Wells, el único Masters 1000 que le falta en su paí­s, ya que fue campeón en Miami y Cincinnati. Por eso, aún en un momento muy duro, tuvo la amabilidad y cortesí­a que varias veces brilla por su ausencia en otros colegas.

En los cuatro torneos que habí­a disputado esta temporada, Ljubicic no habí­a ganado más de dos encuentros seguidos y apenas habí­a accedido a cuartos en Dubai, su escala previa a Indian Wells. Empezó a avanzar y a bajar a pesos pesados, ya que derrotó al serbio Novak Djokovic, el N° 2 del planeta y en semis al español Rafael Nadal (3°), hasta que dejó con las manos vací­as a Roddick (7°) en la definición.

Además, el croata eliminó, en cuartos, al argentino Juan Mónaco, el último latinoamericano en carrera en el certamen. En total, en sus seis triunfos, apenas cedió dos sets, el primer del choque ante Mónaco y el inicial ante Nadal. Y se mostró más maduro, concentrado y preciso en las muertes súbitas, ya que ganó los cuatro tie-breaks que disputó en el certamen, la mitad de ellos, dos, en la final. Nada menos.

Si bien su movilidad es un aspecto a mejorar, basó su tenis agresivo en su potente y muy bien ubicado saque y causó estragos en ciertos pasajes importantes con su exquisito revés. No la pasó muy bien en algunos momentos con la devolución, como en el primer set de la semi contra Nadal, pero lo compensó con un servicio imponente, con altibajos, es cierto, pero que le permitió imponer presencia y le aportó tranquilidad y confianza.

De hecho, conectó 87 aces en total en sus seis partidos en este campeonato, siendo el récord en esta edición de Indian Wells. En la final, el croata marcó 21 y así­ le dio a Roddick de su propia medicina. Así­, con mucha fe, con actitud positiva y sin presión a cuestas, no como en otros tiempos, Ljubicic se abrió camino y terminó siendo el merecido campeón. Al punto de que venció a Roddick, quien lo superaba 7-3 en los duelos personales.

Ljubicic, conducido desde el comienzo de su carrera por el entrenador italiano Riccardo Piatti, en un casi muy poco visto, fue presidente y también vice del Consejo de jugadores de la ATP, dando batalla por los derechos de los tenistas profesionales. Por eso también es muy respetado por sus colegas. El mismo Ivan que mostró una sonrisa enorme, disfrutando a los abrazos con su equipo de trabajo y a los besos con su esposa.

Así­, mientras Ljubicic celebró con una alegrí­a inmensa, Roddick mostró la otra cara. Querí­a cortar la racha sin un ganador estadounidense en este certamen desde 2001, cuando festejó Andre Agassi. Y ahora suma más de tres años y medio sin ganar un Masters 1000, desde su coronación en Cincinnati 2006. Por eso, la gente se quedó con la cara larga, aunque igualmente reconoció el gran nivel y la determinación del croata.

Mientras la mayorí­a apuntaba sus miradas a Federer, a Djokovic, a Nadal, a Murray, a Davydenko, a Soderling y al mismo Roddick, apareció Ljubicic y causó conmoción en el primer Masters 1000 del año. En realidad, volvió a ser el que supo ser, con alto vuelo y mucha convicción. El tenis recuperó a un nombre de gran nivel y el trofeo mayor salió de las manos de los principales animadores. Un hecho para destacar. Bienvenido sea.