Internet es un gran supermercado sin fronteras que aprovechan los traficantes de especies salvajes para vender, por ejemplo, vino de hueso de tigre, marfil o salamandras, pero también puede volverse contra ellos proporcionando pistas para atraparlos.


La conferencia de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES por sus siglas en inglés), reunida hasta el 25 de marzo en Doha, examinará cómo se puede reforzar el control del comercio en la Red, ahora que la cuarta parte de la humanidad tiene acceso a Internet.
Un tema en el que las ONG trabajan desde hace años: el Fondo Mundial para la Protección de los Animales (IFAW) llevó a cabo una investigación en once países, desde Argentina hasta Rusia, pasando por Estados Unidos, Colombia o Francia, que transmitieron a la CITES. Casi dos tercios de los anuncios eran de marfil.
«Pocas veces son colmillos, sino más bien objetos pequeños», explica Céline Sissler-Bienvenue, experta de IFAW para los elefantes.
El comercio de pájaros exóticos también prospera (20% de las ofertas) y los investigadores encontraron incluso primates, reptiles, tiburones, cuernos de rinocerontes o esturiones, todas ellas especies cuya comercialización está prohibida o bien sujeta a la normativa de la CITES.
Grace Ge Gabriel, responsable de IFAW en China, observa un auge en la venta de vino de hueso de tigre (un alcohol de arroz en el que macera un tigre despedazado durante 3, 6 ó 9 años). «En línea, se dirige sobre todo a la diáspora», explica.
Otro tanto sucede con la bilis de oso, utilizada en medicina tradicional, que se exporta de maravilla: «El mercado chino está saturado, pero las aduanas canadienses o estadounidenses la confiscan sin parar».
En Doha, la organización TRAFFIC llamó la atención sobre una pequeña salamandra procedente de Irán (Neurergus kaiseri), de la que sólo quedaría un millar de adultos en estado salvaje. En 2006, la entidad encontró una decena de páginas web que la ponían en venta por 300 dólares.
«Una compañía ucraniana asegura haber vendido más de 200, atrapadas en la naturaleza, en un año», afirma Ernie Cooper, de TRAFFIC Canadá.
«La mayoría de los anuncios vienen de particulares, estima Ge Gabriel. Las redes mafiosas cuentan con otros muchos medios para vender grandes cantidades. Pero, a menudo, en el tiempo que se tarda en localizarla, la oferta desaparece».
Desde hace dos años, la mayoría de las grandes plataformas de Internet prohibieron el comercio de marfil y todos los derivados de especies cuya comercialización proscribe la CITES, incluido el sitio chino taobao.com. «Pero los vendedores disfrazan su oferta, hablan de diente del mayor animal terrestre o escriben mal la ortografía para escapar a los filtros».
La CITES toma en serio este asunto, que ya fue examinado por un grupo de trabajo en 2009 en Vancouver.
Según John Sellar, a cargo de la lucha contra el tráfico en la secretaría de la Convención, es difícil evaluar el alcance del tráfico en Internet o su tendencia. «Las subastas se multiplican, entonces hay más oferta. Pero puede ser el mismo objeto vendido varias veces. No disponemos de cifras fiables».
Benito Pérez, responsable desde hace siete años de la represión del fraude en el Departamento de Medio Ambiente estadounidense, asegura que en ocasiones Internet permite llegar hasta los abastecedores. Recientemente, cita, «una investigación conjunta con Tailandia permitió la incautación de decenas de piezas de marfil y la inculpación en Estados Unidos de un estadounidense y de un tailandés».