Puerto Rico y Cuba, un ala no puede volar y otra no puede jugar


En 1898, los Estados Unidos lanzan una campaña para apoderarse de los territorios de las Antillas Mayores, en busca de expandir sus dominios, como respuesta ante el desarrollo de los monopolios en los paí­ses capitalistas industrializados, y su competencia por controlar los mercados mundiales.

Juan Pablo Ozaeta

Ese año, Cuba libraba la última de las guerras por obtener su independencia de España, y en Puerto Rico también se luchaba por el mismo anhelo. La historiografí­a latinoamericana señala que Estados Unidos envió a Cuba un barco que ellos mismos dinamitaron, con el pretexto de responsabilizar a España y declararle la guerra. Con ello, los EE.UU. ocupan territorio cubano y puertorriqueño.

En diciembre de 1898, se firma en Parí­s el Tratado de Paz entre España y Estados Unidos. Cuba se constituye en territorio de ocupación militar (desde entonces la Base de Guantánamo) y Puerto Rico es tomado por los vencedores, EE.UU, como botí­n de guerra.

Sesenta años después, el ejército rebelde de Fidel Castro acabó con el dominio neocolonial de EE.UU, mientras que Puerto Rico sigue siendo colonia norteamericana.

Más de cien años después esta historia de despojos sigue teniendo repercusiones en la vida de estas dos tierras antillanas. El pasado 26 de febrero, Cuba anuncia su decisión de no participar en los juegos centroamericanos y del Caribe, a realizarse en julio en Mayagí¼ez, Puerto Rico.

La decisión cubana obedece a la imposibilidad del comité deportivo puertorriqueño de dar un trato a la delegación cubana en igualdad de condiciones al resto de paí­ses, dado que Washington considera a la isla como una de las naciones patrocinadoras del terrorismo. Esta situación pone en riesgo la posibilidad de emisión de visas a toda la delegación, el aterrizaje del avión de una lí­nea aérea cubana, además de augurar controles de seguridad adicionales al del resto de delegaciones.

Cabe señalar que el Comité Olí­mpico de Puerto Rico, abogó para cumplir estas demandas. Y además debe señalarse que Estados Unidos, buscando darle una cara amigable al estatus de colonia que tiene Puerto Rico lo declaró «Estado Libre Asociado». Con ello se adquirió una soberaní­a deportiva, para participar como paí­s en las competencias olí­mpicas.

De manera que la imposibilidad del Comité puertorriqueño a dar un trato igualitario a Cuba implica que no existe tal soberaní­a deportiva, y que la cierta autonomí­a que les ha dado EE.UU. no es más que una fachada.

Quien ha tenido la oportunidad de viajar a EE.UU. y conoce lo que las autoridades aduaneras norteamericanas son capaces de hacer con un viajero común, en pro de la «seguridad nacional», podrá imaginarse lo que serí­an capaces de hacer con quienes integran la delegación de atletas de Cuba.

La participación deportiva de Cuba siempre es destacada, y su ausencia de los Juegos Centroamericanos y del Caribe tendrá una repercusión en el nivel deportivo del evento. Es impresionante ver cómo dos territorios tan parecidos en su historia y su identidad estén tan distantes por el curso polí­tico de la historia.