La ronda es el mundo


«Ahora la ronda de las Abuelas de Plaza de Mayo es el mundo entero», aseguró Estela de Carlotto, presidenta de ese organismo que lleva más de 32 años de incesante lucha para restituir la identidad a unos 500 nietos de los que se apropió la dictadura militar argentina (1976-983).


Desde principios de los 80, Abuelas de Plaza de Mayo, identificadas, igual que las Madres de Plaza de Mayo por su imagen de los pañuelos blancos con los que cubrí­an su cabeza -originalmente la forma de un pañal-, restituyeron la identidad a 101 nietos que habí­an sido robados o adoptados ilegalmente.

«Los militares pensaron que por ser mujeres í­bamos a aflojar, pero no sabí­an que en las rondas seguí­amos trabajando y ahora la ronda es el mundo entero», aseguró Estela de Carlotto la noche del martes en la Maison d»Amerique Latine en Parí­s, en el marco de una charla en la «Semana de la Memoria» con motivo del bicentenario de la revolución de 1810, que condujo a la independencia de la República Argentina.

Carlotto recordó los comienzos de Abuelas, cuando se reuní­an en confiterí­as de Buenos Aires para festejar cumpleaños ficticios y en realidad firmar peticiones por sus hijos dirigidas al Papa o a personalidades extranjeras.

«El brazo de esta verdad y de esta memoria debe englobar a todo el mundo», afirmó Carlotto, viajera incansable en nombre de Abuelas, que el jueves declarará ante la justicia italiana en el proceso en ausencia contra el ex almirante Emilio Massera por la desaparición y muerte de tres í­talo-argentinos.

«Gracias a esa memoria hemos encontrado a 101 nietos», sostuvo al mostrar al auditorio -que respondió con un aplauso- una fotografí­a del reencuentro, semanas atrás en Buenos Aires, de Francisco Madariaga, con su padre biológico.

El «nieto 101» nació en El Campito, uno de los 340 centros clandestinos de detención de la dictadura argentina. Su madre, Silvia Quintela, médica y militante desaparecida, fue secuestrada en 1977 embarazada de cuatro meses.

De Francisco Madariaga se apropió el capitán del ejército Ví­ctor Alejandro Gallo, detenido por apropiación de menor y cambio de identidad.

Estela de Carlotto, una de cuyas hijas, Laura, fue asesinada en 1978 por la dictadura tras dar a luz a un varón, Guido, al que aún no ha encontrado, recordó la movilización internacional de las Abuelas cuando a principios de los 80 empezaron a preguntarse si mediante su sangre podrí­an confirmar la filiación de sus nietos.

«En aquel entonces no tení­amos conciencia del paso que dimos al dar a la ciencia la posibilidad de usar el ADN» para determinar la filiación de aquellos que fueron despojados de su identidad, dijo Carlotto, que se refirió al «caso paradigmático» de los hijos adoptivos de la dueña del diario Clarí­n, que lidera el mayor grupo de multimedios de Argentina, Ernestina Herrera de Noble.

Carlotto denunció la actitud «dilatoria» del juez Conrado Bergesio, que «no ha enviado todaví­a al Banco Nacional de Datos Genéticos las pruebas hemáticas» efectuadas a Marcela y Felipe Herrera Noble a fines de diciembre pasado.

La entidad humanitaria considera que ambos jóvenes, adoptados en 1976, son hijos de desaparecidos nacidos de madres en cautiverio en la dictadura.

Las Abuelas de Plaza de Mayo siguen buscando a unos 400 nietos que desconocen su verdadera identidad, a diferencia de Manuel Goncalves, encontrado hace diez años por este organismo cuando creí­a que su nombre era Claudio Novoa.

Manuel, que a los cinco meses de edad sobrevivió a un asalto armado del ejército en la casa en que estaba refugiada su madre, aprueba los análisis de ADN, porque «me permitieron recuperar mi identidad» y el ví­nculo con su hermano, sobrinos, tí­os y su abuela, que el dí­a en que lo conoció «me dio de comer sólo como dan las abuelas».