China saca las garras


Según el calendario lunar chino, este ciclo se cumple el Año del Tigre, el cual alienta a quienes se rigen por este sistema a arriesgarse en sus decisiones. FOTO LA HORA: AFP ROMEO GACAD

China, respaldada por su nuevo poderí­o, despliega una diplomacia cada vez más aguerrida, e incluso arrogante, y se muestra cada vez menos propensa a hacer concesiones a interlocutores que, a su vez, se muestran menos indulgentes.


Yang Jiechi (D) y David Miliband (I), cancilleres chino y británico, respectivamente, en una visita oficial en Pekí­n. FOTO LA HORA: FENG LI

Según los analistas, las relaciones se han crispado entre China y las capitales occidentales: la primera está convencida de ser mal comprendida y las segundas de ser tratadas sin contemplaciones.

Todo esto, en el momento mismo en que los grandes desafí­os planetarios como la economí­a, la proliferación nuclear, el clima o la lucha antiterrorista exigen mayor cooperación.

En su conferencia de prensa anual el domingo, el primer ministro Wen Jiabao constató que «crece en la opinión la idea de que China es arrogante, dura y triunfalista», antes de desvirtuar esa idea.

Lo cierto es que ha cambiado el tono que este inmenso paí­s de 1.300 millones de habitantes -convertido ya en el primer exportador y camino de ser la segunda potencia económica mundial- utiliza para dirigirse a sus interlocutores.

Al comenzar el mes pasado el año lunar del Tigre, China acusó a Estados Unidos de «violar su soberaní­a» y de ser responsable de la degradación de las relaciones bilaterales.

Las acusaciones se centran en la venta de armas estadounidenses a Taiwán -la isla nacionalista considerada por el régimen comunista de Pekí­n como una de sus provincias- y en la audiencia acordada por el presidente Barack Obama al Dalai Lama, el lí­der del budismo tibetano, acusado de separatismo por China.

China resiste además a las presiones occidentales para que el Consejo de Seguridad de la ONU -donde tiene derecho de veto- adopte nuevas sanciones contra Irán por su programa nuclear, y negociará muy caro cualquier cambio de postura.

También rechaza las presiones para dejar valorar su moneda, como lo piden Estados Unidos y otros paí­ses, que afirman que las autoridades chinas mantienen el yuan artificialmente débil para favorecer las exportaciones.

Para este cambio de tono, Jean-Pierre Cabestan, sinólogo en la Hong Kong Baptist University, da tres razones:

En primer lugar, «China se siente más poderosa e influyente en el mundo», en segundo lugar, «el Partido Comunista necesita mostrarse fuerte (…) para mantener el estí­mulo nacionalista en la sociedad», y finalmente, el enfoque que comenzó siendo conciliante de la administración Obama «dio la ocasión a los chinos de hacer avanzar sus propios intereses».

Valérie Niquet, del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI) hace notar que «manifiestamente una corriente activa en el seno del poder en China considera que la situación internacional, sobre todo debido a la crisis (económica) que afectó al Occidente, es favorable a las posiciones chinas y que ya es tiempo de que Pekí­n imponga sus propias normas a la comunidad internacional».

Las declaraciones oficiales chinas reflejan a menudo la percepción de un paí­s que siente que sus decisiones son cuestionadas sistemáticamente por occidentales que no comprenden en absoluto su sistema y que siguen provocándola en cuestiones que no son negociables, como Taiwán o el Tí­bet.

Por otra parte China aún no está acostumbrada a su estatuto de gran potencia y debe, como lo dicen diplomáticos chinos, mejorar su comunicación exterior para hacer oí­r sus mensajes.

Para Shi Yinhong, profesor en el Centro de Estudios sobre Estados Unidos en la Universidad del Pueblo de Pekí­n, China «tiene más confianza en sí­ misma y comienza a expresarse de manera más franca», pero Obama «se ha puesto bastante arrogante» después de haber tendido la mano a China al iniciar su mandato.

Valerie Niquet duda sin embargo que el régimen comunista chino se deje enfrascar en una lógica de simple endurecimiento, y hace notar que esa actitud, hasta ahora, «no consiguió ningún resultado tangible», pues muchos paí­ses «siguen recibiendo al Dalai Lama y Estados Unidos sigue vendiendo armas a Taiwán».

«La polí­tica extranjera china sabe adaptarse, retroceder o mostrarse flexible cuando el adversario o sus interlocutores se muestran a su vez más firmes», destacó también Jean-Pierre Cabestan.