Lo globalizado, no necesariamente es positivo


A finales del siglo pasado y en lo que va de la primera década del presente, hemos visto como la internacionalización de los procesos económicos, comerciales, financieros y tecnológicos han hecho que percibamos el mundo «más pequeño». El planeta está «globalizado» y con ello se nos hace entender que estamos «interconectados» en todas partes; en la gran mayorí­a de conglomerados humanos. Y esta globalización también lo es la incursión e integración de las grandes corporaciones trasnacionales en los minúsculos Estados como el nuestro. Lo cual nos puede hacer pensar que no necesariamente es positivo, aunque debiera, según la imposición de modelos neoliberales vigente.

Walter Guillermo del Cid Ramí­rez
wdelcid@intelnet.net.gt

A nuestro mundillo bancario y financiero (minúsculo mundillo en comparación con las mega-corporaciones estadounidenses), arribó hace poco más de un año un agonizante coloso: el Citibank. Su incursión se inició con la absorción de dos bancos que habí­an tenido una presencia con algún grado de crecimiento no solo en el mercado bancario guatemalteco, sino con leve expansión a escala centroamericana. Absorbió y fusionó a los entonces Banco Cuscatlán y Banco Uno, ambos S. A.

Derivado de un problema imputado a los ya famosos programas cibernéticos, mediante los cuales me aplicaron una duplicación en el uso de los «puntos» o «multimillas» como llaman a los programas de captación de clientes que hacemos uso de las tarjetas de crédito, he tenido que acercarme a las diversas agencias (en más de seis ocasiones en forma personal y más de diez por la ví­a telefónica) para buscar una solución al respecto.

Lo primero que he podido observar en este contacto obligado es que mi caso no es el único en cuanto a las deficiencias del desempeño de ese gigante que sobrevive gracias a los aportes brindados por la tristemente célebre administración de George W. Bush. Recordemos que este gigantesco ente bancario con presencia multinacional ha estado en más de una ocasión, a partir de la crisis financiera norteamericana, a punto de declararse en quiebra y que los millardos de millones de dólares que ha recibido le permiten mantenerse en el escalafón mundial, en un puesto aceptable, que le llevó a sucumbir a la tentación especulativa; que a otros inclusive les permitió repartir esas ayudas gubernamentales entre sus principales accionistas, también beneficiarios del globo inmobiliario y con ello de otras prácticas contrarias a la «buena fe» del mercado bursátil, las incursiones financieras y todas esas bondades propias del mercado, que nos publicitaron hasta la saciedad.

En algún momento solicité el nombre de la persona que ejerce la representación legal en nuestro paí­s para manifestarle por escrito mi inconformidad por el deficiente e inoperante servicio del que he sido ví­ctima. Nunca me lo proporcionaron. Quienes han leí­do mis aportes durante mis más de quince años como columnista, saben que este espacio no lo empleo para referirme a problemas personales. Como antes apunté, en las tantas veces que he visitado las agencias he podido observar que mi caso no es el único y como tampoco lo será la negativa a proporcionar el nombre del Gerente General o representante legal, he llegado a este punto, para expresar una voz de descontento, con la seguridad de ser la voz de muchos damnificados por diversas razones que se resumen en mala atención, inoperancia, arbitrariedad, abuso y parsimonia en contra de los cuentahabientes. ¿Por cierto, en las agencias bancarias en dónde se localiza el «Libro de Quejas»? ¿Cómo puede la Superintendencia de Bancos mediar para buscar una atención eficiente?

No está demás resaltar que esta molesta e incómoda situación, además de tiempo me ha representando un pérdida de recursos al desplazarme a las agencias en búsqueda de solución. Y ha sido a más de una, pues las gestiones no han quedado «registradas en el sistema» a pesar de las copias que obran en mi poder. Las fusiones bancarias, lo he visto por otras experiencias vividas, no necesariamente son positivas para los cuentahabientes. Y, obviamente, no por ser este caso un ente internacional, le hace exento de las grandes deficiencias que hoy por hoy tiene ese banco que «nunca duerme» como reza su lema, aunque a mí­ me parece que quizás debiera dormir y no trabajar desvelado. Esa podrí­a ser la causa de tanta deficiencia e inutilidad.