En todo el oriente campea mucha inseguridad


La población guatemalteca se encuentra en la actualidad –y desde hace años– bajo la espada de Damocles por la amenaza de tantos bandoleros que asaltan, secuestran, extorsionan, agreden, ultrajan a la mujer y asesinan a hombres, mujeres y niños.

Marco Tulio Trejo Paiz

La inseguridad es una situación que, virtualmente, se ha generalizado en toda la geografí­a del paí­s, pero mayormente en la región nororiental y en la suroriental.

Nos referiremos, en especial, a lo que está aconteciendo en casi todos los lugares del departamento de Jutiapa, nuestro querido terruño.

La ciudad cabecera de dicha provincia registra un fenómeno superpoblacional muy marcado.

Cabe decir que dicha ciudad también tiene gran movimiento comercial y algunas pequeñas industrias, Gente de los más cercanos paí­ses del istmo, como El Salvador, Honduras y Nicaragua, poniéndose las de Villadiego por motivos de desempleo, de intolerable ambiente social y polí­tico o de simple aventura, ha emigrado hacia Jutiapa, por lo que el departamento presenta un cuadro de cosmopolitismo.

De esa suerte, en diferentes municipios de la jurisdicción abundan hechos criminales y delictivos en sus varios nefastos aspectos.

En la famosa cuesta La Conora, que arranca de El Molino para terminar en las proximidades de San José Acatempa, se suceden frecuentemente los asaltos a vehí­culos. Los salteadores de esa larga pendiente (tiene como 14 kilómetros), según las versiones obtenidas, son de Azacualpa (el antiguo nombre de San José Acatempa) y de El Salvador. A estos últimos les es bastante fácil escabullirse porque al pie de La Conora se halla el cruce rumbo a la «Guanacia», y se cree que en la aduana de la frontera hay componendas pecaminosas, corruptas, que cuentan para dar ví­a libre a quienes conducen vehí­culos robados.

Se requiere de una acción eficaz, bastante frecuente o permanente de las fuerzas de seguridad combinadas (policial y militar), tanto para prevenir como para reprimir los hechos de referencia.

La prevención de los casos de robo de vehí­culos y de las demás pertenencias de valor de sus ocupantes debe merecer o tener la prioridad primera. No debe olvidarse que es preferible prevenir que lamentar.

Es tan grave el estado de inseguridad y de la deficiente y casi nula administración de justicia por parte de los tribunales de las diversas instancias, la que ha trascendido internacionalmente con gran resonancia. Y es que las cosas se han arraigado desde hace mucho tiempo atrás.

Los civiles que han hecho gobierno a partir de mediados de la década de los ochentas del siglo pasado han sido demasiado flojos. ¡Puras vejigas desinfladas!, con una sola excepción.

Es tan serio el problema de la inseguridad personal y patrimonial en esta Guatemala de la Asunción y de las «alegres» ascensiones de los polí­tico-partidistas, que es notorio o un hecho real que se ha producido un decremento del turismo externo y aun del interno. Lejos estamos, por consiguiente, de que haya incremento de viajeros que puedan ser atraí­dos por nuestras bellezas naturales, por la riqueza arqueológica, por nuestro clima que es privilegiado y por el jardí­n de lindas flores femenile.

Nos parece significativo, muy significativo, el que de cuando en cuando caigan en este atractivo suelo centroamericano personajes como la Secretaria de Estado de los «United States», Hillary Clinton; así­ como asesores y observadores de la ONU, como ilustrí­simos ilusos de la OEA, entre otros que se exhiben, más que todo, como campeones de la verborrea…

De manera que, con elemento bien entrenado, disciplinado, bien pagado –como se supone–, honesto y, sobre todo, con amor de patria, los contingentes policiales y castrenses deben hacer frente con buena estrategia y decisión a los criminales y delincuentes de toda calaña que vienen cometiendo verdaderas barrabasadas contra un pueblo que anhela que la vida nacional transcurra en un clima de normalidad dentro del sistema de libertades bien entendidas y demás atributos del sistema democrático.