«Nous ne sommes plus au Moyen Age», así tituló recientemente un artículo en Le Monde el medievalista Jacques Le Goff, haciéndonos reflexionar sobre los nuevos miedos irracionales de la posmodernidad y cómo era preciso superar esos temblores porque ya no estamos en aquella época. ¿Pero, es cierto eso?
Personalmente tengo mis dudas. El sujeto posmoderno hasta donde yo sé rige su vida de manera muy parecida al hombre antiguo. Y eso se puede comprobar observando la actualidad del mundo de la superstición. Si no que lo diga Umberto Eco que últimamente en uno de sus artículos citó la dirección electrónica www.cicap.org/astrologia2009, en donde cada año se monitorean las previsiones astrológicas del año precedente.
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El intelectual italiano cita, por ejemplo, que el intérprete de Nostradamus, Luciano Sampietro, previno un atentado mortal al Papa en el 2009, Peter Van Wood, en el periódico «Negro sobre blanco» predijo (para el 2009), terremotos en Grecia, Croacia, Indonesia y ímsterdam, «pero por fortuna ninguno en Italia. El mago Otelma había anunciado para Obama peligros para su incolumidad personal en otoño. La sensitiva Teodora Stefanova en el sitio «Quotidianonet» había advertido que el próximo Secretario General de Naciones Unidas habría sido Solomon Passy»… Â
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Por más que uno se burle de las inexactitudes y fracasos de los agoreros, lo cierto es que la superstición nunca ha pasado de moda. En mi casa por ejemplo, mi madre dejaba cabezas de ajo arriba de las puertas o por las ventanas. El Internet, ahora lo sé, le ha dado la razón: «el ajo está regido por Marte y el Fuego, y se ha empleado desde hace tiempo como un amuleto de protección contra espíritus malignos, vampiros, ladrones, enemigos, enfermedades… El olor difícil de aguantar del ajo, y sus propiedades para el sistema circulatorio y bactericidas son las que llevan a esta mitología de ahuyentador de espíritus».
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¿La superstición sólo es cosa de gente inocente o ignorante? No lo creo. Hay mucha gente con actitudes mágicas que hacen pensar que el hombre es naturalmente supersticioso. Más aún si damos fe a la dudosa Wikipedia que define al supersticioso como aquel que cree que sus rezos, ensalmos, conjuros, hechizos, maldiciones u otros rituales pueden influir de manera trascendental en su vida. Si es así, hasta yo mismo me declaro supersticioso.Â
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Dejándonos de historia, creo que Le Goff se extravió en su artículo, pues muy en el fondo (o en la superficie), seguimos siendo hombres medievales. Usted puede creerlo o no, pero por si acaso yo le aconsejaría tomar nota de las recomendaciones que hace Joan Manuel Serrat en su canción «toca madera»: «cruza los dedos, toca madera, no pases por debajo de esa escalera. Evita el 13 y al gato negro, no te levantes con el pie izquierdo. Y métete en el bolsillo envuelta en tu carta astral una pata de conejo, por si se quiebra un espejo o se derrama la sal. Y vigila el horóscopo y el biorritmo, ni se te ocurra vestirte de amarillo, y si a pesar de todo la vida te cuelga el no hay billetes, recuerda que pisar mierda trae buena suerte».